RECONECTAR MENTE Y CUERPO

Dr. Acevedo • 24 de julio de 2022
Con el ritmo de vida que llevamos actualmente, tan acelerado, estamos llenos estrés, de miedos, de ansiedad, de frustración y un largo etc.
La pregunta del millón es ¿Cómo podremos prevenir o mejorar estos estados, cómo debemos hacer una gestión adecuada de estas emociones que solemos sentir?

Pues la clave está en nosotros mismos, está en el autoconocimiento, el saber cómo es que funcionamos como una entidad individual, y también saber cómo es el funcionamiento de la mente, así como del organismo en general. Cuando sabemos estas premisas, súper importantes por cierto, podremos llegar a muchas conclusiones; una de ellas quizás para poder partir, es reconocer que es lo que nos está pasando en cada momento; ahí tenemos el punto de partida: esto es lo que me está pasando. Con esta información, empezamos a observar nuestro cuerpo, que como suelo decir a muchos de mis pacientes: el cuerpo nos habla enviándonos pequeños signos y síntomas físicos y/o emocionales. Por ejemplo, si eres de los que tienes molestias en el cuello como contracturas, torticolis, o siempre estás haciendo amagos de estiramientos, o si eres de los que empiezan a tener síntomas en la piel como prurito (picor) y empiezas a rascarte sin causa aparente o cambia ligeramente el color de la piel; o te pica la nariz o garganta y empiezas a estornudar o quizás tengas síntomas gastrointestinales, molestias en el estómago, retortijones, gases abundantes, deposiciones mas blandas de lo normal o por lo contrario estreñimiento o eres de aquellas personas que empiezan a sentir que unos de los párpados tiemblan, empiezas a tener visión un poco borrosa en donde muchas veces tienes que frotar los ojos, o eres de lo que empiezan a tener hormigueo en los dedos de las manos. Como he mencionado anteriormente, esto es el cuerpo que nos está mandando señales para que le prestemos atención, nos está hablando. Si le prestamos una atención adecuada empezaremos a entender nuestro propio funcionamiento orgánico a todo nivel e iremos encajando tal cual puzzle cada una de las piezas. Esto nos lleva a tomar conciencia de uno mismo, ¿Quién soy?, ¿Cómo soy?, ¿Cómo es mi forma de ser?... Soy una persona fuerte ante determinados estímulos y menos fuerte ante otros, ¿cuáles son estos?, soy sensible, soy extrovertido o tímido, soy impulsivo, soy obsesivo, soy pasota, soy perfeccionista, le doy muchas vueltas a las cosas, tomo rápido decisiones o me cuesta tomarlas, soy desconfiado, dependo de lo que opinen los demás, soy seguro o inseguro, tiro más a la ansiedad, o la tristeza o depresión, me bloqueo ante estas u otras situaciones, soy irascible o explosivo.

Con toda esta información de nosotros mismos, podremos tener las cartas sobre la mesa y llegar a tener un pequeño diagnóstico: ESTA ES LA CLAVE. Saber cuáles son los determinantes o factores que me estresan o me ponen alerta, estos pueden ser cualquier cosa: personas, eventualidades, situaciones, recuerdos, momentos vividos, circunstancias y un largo etcétera. Todo esto nos lleva a conocer firmemente los factores estresantes propios (individuales) y a su vez a saber cómo es la transformación de nuestra propia personalidad ante estos. Por ejemplo, es bien sabido que, una persona sensible ante un estímulo estresante se va a transformar en una persona más vulnerable teniendo una montaña rusa de emociones: estoy bien, ahora mal, ahora un pelín mejor, ahora ya mejor, ahora vuelvo a estar triste. Una persona tímida ante el factor estresante se bloquea, mientras que una persona que sea impulsiva será más agresiva, la persona que le da muchas vueltas a las cosas se transforma en una persona obsesiva entrando en pensamientos repetitivos. Una persona perfeccionista, empieza a estar insatisfecha en todos los aspectos de la vida, ya que, no hay nada que este a la altura de lo que quiere.
Por todo ello cuando te entiendes a ti mismo, desde la comprensión de tu cuerpo, de tu organismo, de tu mente, de tu personalidad, todo ello da como resultado que seas capaz de afrontar cada uno de los aspectos que consideras negativos o estresantes en tu propia vida.

Si echas un vistazo a la sociedad en la actualidad vamos súper ácidos, ¿no os dais cuenta que la gente va por la calle con cara de “estreñimiento”, con cara ácida, de pocos amigos?, todo esto es síntoma de que estamos súper intoxicados, es síntoma de que en nuestro organismo hay una inflamación orgánica constante debido a todos los subproductos bioquímicos que se están generando, ya sea por la mala alimentación (que es una realidad) y también por la falta de gestión emocional, que a su vez se genera un ciclo, vamos la pescadilla que se muerde la cola. 
Por todo esto, y muchos de mis pacientes saben esto que voy a decir (otra cosa es que lo lleven a la práctica al 100%), es que suelo decir a los cuatro vientos y a grito pelado, que hay que BASARNOS EN LOS PILARES DE LA SALUD, uno de ellos es LA ALIMENTACIÓN adecuada y balanceada (que la comida sea tu alimento y el alimento, tu medicina. Ya lo decía Hipócrates en el SS V a.c. y después de 2500 años seguimos en las mismas) y no menos importante y esto también lo saben muchos de mis pacientes : EL SUEÑO, que tiene que ser de calidad, un sueño profundo y reparador, para que las células tomen los nutrientes necesarios de esa buena alimentación y pueda hacer los procesos necesarios de reparación, limpieza y restauración, tanto a nivel físico y por supuesto a nivel mental, recordemos que los procesos de aprendizaje y memoria se hacen en las últimas fases del sueño (está en el sistema límbico o cerebro reptiliano, en dónde también están nuestras emociones). Es en esta etapa del día, durante el sueño, donde nuestro sistema inmune se potencia revitalizándose, si no tenemos un sueño de calidad, profundo y reparador pues todo el día siguiente estamos embotados, de mal genio, apáticos, irascibles, vamos que nos sale un día de … ya sabes.

Otras de las herramientas claves es hacer ejercicio adaptada según nuestras condiciones, ya es muy bien sabido que el ejercicio normal, ojo el normal, nos ayuda a relajarnos y a reconducir ese exceso de energía que quizás podríamos tener, esto comandado por el cortisol (hormona del estrés), existen otras vías de escape que se pueden hacer en conjunción con el ejercicio como pueden ser la música y sobre todo una que me gusta mucho, lo cual practico es la meditación (recuerda que la meditación no es tener la mente en blanco, esto es imposible) pueden ser varios de estos tipos meditación en las respiraciones, meditación analítica, pero ojo con la vocecilla esa que tenemos en nuestro interior que muchas veces nos puede ayudar a ser productivo o, como suele ser en la mayoría de los casos, destructiva. Por eso identifica como te tratas a ti mismo, frase clave: se amoroso y compasivo consigo mismo; de hecho esto hará que lo seas con los demás (el amor y la compasión es una fortaleza que viene desde nuestro interior y no como solemos pensar que es una debilidad).

Ten cuidado con quien te rodeas, las personas de nuestro entorno (ya que somos entidades sociales) pueden llegar a ser potencialmente generadoras de estrés y alerta (aumentando así el cortisol en nuestro organismo).
Si continuamente estamos en estado de alerta, es decir estamos utilizando nuestro sistema nervioso simpático; este es el sistema que nos ayuda a salir adelante y a ser más productivos y eficaces, pero ojo, en intervalos temporales de tiempo es saludable, pero en tiempos constantes a lo largo del tiempo, se convierte en un factor primordial para la enfermedad, es decir, es el que ara el terreno propicio para que caigamos enfermos, muy enfermos tanto a nivel físico como emocional o ambas. Por eso, necesitamos aprender a intercambiarnos de un sistema nervioso a otro, del sistema nervioso simpático al parasimpático, este es el de la relajación, el gozo, del discernimiento, de la meditación, del de conectar con uno mismo y con los demás. Y esto lo debemos de hacer según necesidad y según nuestro propio autoconocimiento de todo lo comentado anteriormente. Así serás capaz de parar el mundanal carro y pensar en que es lo que quieres en esta vida, que sentido tienes lo que haces, para que lo haces, cuáles son tus objetivos.

Con todo ello somos capaces de recuperar el control de nuestras vidas, de nuestros pensamientos, de nuestra mente y por supuesto de nuestro cuerpo físico (se recupera el sistema inmune), recuperando así nuestras propias habilidades para poder hacer frente a todas las situaciones que se nos vengan en el día a día.
Mi invitación es que practiques estos pequeños tips o consejos de tal manera de que RECONECTEMOS CUERPO Y MENTE, ya que incluso la ciencia lo avala, es la única manera de ponernos en orden y poder retomar el control de nuestras vidas.

Por Dr. Acevedo 1 de enero de 2026
Durante años, la medicina consideró al intestino como un simple órgano digestivo. Hoy sabemos que es mucho más: un ecosistema vivo que dialoga constantemente con nuestro cerebro. Este vínculo, conocido como el eje intestino-cerebro, está mediado por billones de microorganismos que conforman la microbiota intestinal. Su equilibrio determina no solo la calidad de nuestra digestión, sino también nuestro estado emocional, la claridad mental y la respuesta al estrés. La ciencia moderna ha confirmado que cuidar la microbiota es cuidar, literalmente, nuestra mente. La comunicación entre intestino y cerebro ocurre a través del nervio vago, mensajeros inmunológicos y metabolitos producidos por bacterias intestinales, como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos compuestos regulan la inflamación, modulan la serotonina y afectan la producción de neurotransmisores claves. Estudios recientes del Journal of Psychiatric Research (2024) han demostrado que personas con depresión presentan menor diversidad bacteriana y un desequilibrio en especies como Lactobacillus y Bifidobacterium. Del mismo modo, investigaciones de la Universidad de Cork (2023) muestran que los psicobióticos, cepas probióticas específicas, pueden reducir los síntomas de ansiedad y mejorar el sueño en tan solo ocho semanas. Desde la perspectiva de la medicina integrativa, el eje intestino-cerebro se ve afectado por tres pilares: alimentación, estrés y calidad del descanso. Dietas ricas en ultraprocesados, alcohol o antibióticos frecuentes destruyen la flora intestinal, mientras que una alimentación basada en vegetales, fibra prebiótica, grasas saludables y alimentos fermentados la restaura. Por otro lado, el estrés crónico libera cortisol, que altera la permeabilidad intestinal y facilita el paso de endotoxinas al torrente sanguíneo, fenómeno conocido como leaky gut o “intestino permeable”. Este proceso puede generar inflamación sistémica y afectar la función neuronal. Las terapias integrativas incluyen además el uso de adaptógenos (como la ashwagandha o la rodiola), técnicas de respiración, meditación y probióticos personalizados, todos con evidencia creciente en la modulación del eje intestino-cerebro. Según la World Journal of Gastroenterology (2024), una combinación de alimentación antiinflamatoria y probióticos específicos puede reducir hasta un 40% los niveles de ansiedad en pacientes con colon irritable. Cuidar la microbiota no es solo una cuestión digestiva; es una forma de preservar la salud mental y emocional desde dentro. La felicidad, la calma y la claridad mental tienen raíces biológicas que florecen en un intestino equilibrado. La mente y el intestino son dos caras de una misma realidad fisiológica y energética: la conexión profunda entre lo que sentimos y lo que absorbemos. Claves prácticas Prioriza alimentos naturales, ricos en fibra y polifenoles. Incluye fermentados como kéfir, chucrut o kombucha. Reduce el consumo de azúcar y alcohol. Practica técnicas de relajación diaria (respiración, meditación o yoga). Considera el uso de probióticos clínicamente validados según tus necesidades. El intestino es nuestro segundo cerebro y, a menudo, el primero que enferma cuando no escuchamos lo que sentimos. La serenidad emocional comienza con un cuerpo en equilibrio. Alimenta tu microbiota y, con ella, tu mente florecerá.
Por Dr. Acevedo 26 de diciembre de 2025
Después de la intensidad de las fiestas, llega un momento de pausa natural: el cierre de ciclo. El 26 de diciembre es ideal para detenerse, mirar atrás con gratitud y preparar el cuerpo y la mente para un nuevo comienzo. La biología humana necesita estos espacios de transición. Según el Journal of Psychosomatic Research (2024), los periodos de reflexión consciente reducen los marcadores de estrés oxidativo y mejoran la resiliencia emocional. La medicina integrativa sugiere rituales sencillos de regeneración física y mental: descanso profundo, alimentación depurativa, silencio digital y práctica de gratitud. A nivel fisiológico, disminuir el estímulo constante permite que el sistema nervioso parasimpático restaure su equilibrio. Una breve desintoxicación de alcohol, azúcar y pantallas durante tres días puede reducir la inflamación sistémica en más de un 20%. Además, escribir objetivos desde la calma activa redes neuronales asociadas a la motivación y la coherencia (Universidad de Stanford, 2023). Cuidar la transición entre años es una forma de honrar los ritmos naturales del cuerpo y de la vida. Regenerarse es tan importante como avanzar: sin pausa, no hay energía sostenida. Claves prácticas Duerme más y desconéctate del ruido externo. Elige alimentos frescos, verdes y ligeros. Dedica tiempo a escribir tus intenciones del nuevo ciclo. Practica la respiración profunda o la meditación al despertar. Todo cierre contiene una semilla de renovación. Si el año que termina fue aprendizaje, el nuevo será expansión. Empieza el 2026 con gratitud, coherencia y un cuerpo listo para florecer.
Por Dr. Acevedo 12 de diciembre de 2025
La salud es un derecho humano fundamental. Sin embargo, millones de personas aún carecen de acceso a una atención médica de calidad. Este día nos invita a reflexionar sobre la importancia de un sistema de salud accesible, preventivo y verdaderamente integrativo, donde cuerpo, mente y entorno se aborden de manera conjunta. Según la OMS (2024), cerca del 30% de la población mundial no tiene cobertura sanitaria adecuada. Pero más allá de los recursos, el reto es cómo concebimos la salud. La medicina integrativa propone un cambio de paradigma: pasar del tratamiento de la enfermedad a la promoción del bienestar y la prevención activa. Estudios del BMJ Global Health (2023) demuestran que los programas de salud basados en la educación nutricional, actividad física, mindfulness y medicina natural reducen la carga de enfermedades crónicas hasta un 40%. La cobertura sanitaria universal debe incluir no solo acceso a hospitales, sino también a herramientas de autocuidado, alimentación saludable, gestión del estrés y medicina basada en evidencia científica y ancestral. En países donde se han integrado terapias complementarias —como acupuntura, meditación o fitoterapia clínica— dentro del sistema público (por ejemplo, en Suiza y Japón), se han observado mejoras en la calidad de vida y una reducción significativa del gasto sanitario. Garantizar una salud accesible e integrativa no es una utopía, sino una necesidad global. La verdadera universalidad comienza cuando cada ser humano tiene los recursos y la educación necesarios para cuidarse y comprender su propio cuerpo. Claves prácticas Promueve la educación en salud en tu entorno. Apoya iniciativas que fomenten la medicina preventiva. Cuida tu salud como un acto de responsabilidad social. Participa en proyectos de bienestar comunitario. La salud universal empieza en casa, con cada decisión diaria que tomamos. Cuando un individuo sana, contribuye a la salud de toda la humanidad.
Por Dr. Acevedo 5 de diciembre de 2025
El altruismo es una fuerza silenciosa que transforma tanto a quien da como a quien recibe. En este Día Internacional de los Voluntarios, la ciencia confirma algo que las tradiciones sabias ya intuían: ayudar a otros mejora nuestra salud física, mental y espiritual. La medicina integrativa lo entiende como un pilar de bienestar: el compromiso con los demás no solo genera sentido vital, sino que actúa como un modulador fisiológico de la salud. Diversas investigaciones muestran que las personas con hábitos altruistas presentan niveles más bajos de cortisol, menor inflamación sistémica y una mayor longevidad. Un estudio longitudinal de la Universidad de Harvard (2023) evidenció que quienes participan regularmente en actividades de voluntariado presentan un riesgo un 44% menor de depresión y una mejora en la función inmunológica. A nivel biológico, el altruismo activa los circuitos dopaminérgicos del placer y la conexión social, elevando endorfinas y oxitocina, las mismas hormonas que fortalecen el sistema inmunitario. Desde la medicina integrativa, el voluntariado se considera una forma de coherencia emocional y energética. Conectar con otros desde el servicio desinteresado fortalece la salud cardiovascular, reduce el estrés y promueve estados de meditación activa. Incluso estudios de neuroimagen (Nature Human Behaviour, 2024) demuestran que los actos compasivos activan la corteza prefrontal medial, asociada con el equilibrio emocional y la regulación del sistema nervioso autónomo. El altruismo no es solo un valor social, sino una práctica terapéutica. En un mundo cada vez más individualista, dar tiempo, atención o cuidado a los demás se convierte en un acto profundamente sanador. Claves prácticas Dedica al menos una hora semanal a una actividad solidaria. Practica la escucha activa y la empatía cotidiana. Realiza respiraciones conscientes antes y después de cada encuentro con otros. Integra la gratitud como hábito diario. Servir con el corazón es una medicina que no tiene contraindicaciones. Cada gesto altruista reequilibra el cuerpo, calma la mente y recuerda que sanar también es compartir.
Por Dr. Acevedo 28 de noviembre de 2025
Diciembre marca una transición profunda: los días se acortan, la luz solar disminuye y la energía colectiva se acelera hacia el cierre del año. En esta etapa, muchas personas experimentan cambios en el estado de ánimo, alteraciones del sueño o una sensación de agotamiento emocional. La medicina actual reconoce este fenómeno como parte del trastorno afectivo estacional (TAE), vinculado a la reducción de la exposición solar y a fluctuaciones en neurotransmisores como la serotonina y la melatonina. Sin embargo, la medicina integrativa nos invita a ver este momento no solo como un desafío, sino también como una oportunidad para reconectar con el equilibrio interno antes de la intensidad navideña. Diversos estudios han demostrado que la falta de luz natural afecta la regulación del reloj biológico y la producción de serotonina. Un metaanálisis publicado en The Lancet Psychiatry (2024) confirmó que las personas expuestas a menos de una hora de luz natural diaria presentaban un 35% más de riesgo de síntomas depresivos durante el invierno. La melatonina, hormona clave en el ciclo sueño-vigilia, también se ve alterada, generando insomnio, fatiga y ansiedad. En este contexto, el bienestar emocional depende de una sincronización adecuada entre cuerpo, mente y entorno. La medicina integrativa propone estrategias simples pero potentes: Luminoterapia, que simula la luz solar y mejora los niveles de serotonina y dopamina. Ejercicio regular, especialmente por la mañana, que favorece la oxigenación cerebral y la liberación de endorfinas. Alimentación rica en triptófano, magnesio y ácidos grasos omega-3, nutrientes esenciales para la síntesis de neurotransmisores. A nivel psicológico, diciembre también trae una carga emocional importante. La nostalgia, el balance del año o las expectativas sociales pueden despertar estrés o soledad. Un estudio de la American Psychological Association (2023) encontró que el 44% de las personas siente mayor ansiedad en la época previa a la Navidad, aunque muchas lo disimulan bajo la “alegría festiva”. Por ello, es esencial incorporar espacios de quietud, conexión emocional y autocuidado consciente, elementos que restablecen el equilibrio neuroendocrino y fortalecen la resiliencia. El bienestar emocional no se trata de evitar las emociones, sino de acompañarlas con presencia y comprensión. El cambio estacional es también un recordatorio de la naturaleza cíclica de la vida: descansar, soltar y prepararse para un nuevo comienzo. La serenidad interior surge cuando aceptamos el ritmo del invierno y nos permitimos bajar el propio. Claves prácticas Busca exposición solar diaria o utiliza luz natural artificial (lámparas de espectro completo). Realiza caminatas matinales o ejercicio suave. Reduce estimulantes (café, alcohol) y prioriza alimentos ricos en omega-3 y triptófano (semillas, nueces, legumbres). Practica gratitud consciente y respira profundamente unos minutos al día. Dedica tiempo al descanso y evita la sobrecarga social. El invierno nos invita a mirar hacia dentro. Cuando todo parece ir más despacio, la calma se convierte en una medicina. Cuidar la mente en esta época no es un lujo, es un acto de amor propio: la forma más sencilla de prepararnos para vivir unas fiestas desde el equilibrio, no desde el agotamiento.
Por Dr. Acevedo 20 de noviembre de 2025
A menudo asociamos el envejecimiento con el paso del tiempo, pero la ciencia moderna revela algo más profundo: envejecer es, en gran parte, una cuestión energética. Y la energía celular depende de las mitocondrias, pequeños orgánulos que funcionan como centrales eléctricas dentro de cada célula. Cuando las mitocondrias pierden eficiencia, no solo disminuye nuestra vitalidad; también se acelera la aparición de enfermedades degenerativas, fatiga crónica, pérdida muscular y deterioro cognitivo. Comprender cómo mantenerlas activas es una de las claves más poderosas de la medicina integrativa moderna. Cada célula humana contiene cientos o miles de mitocondrias, cuya función principal es producir ATP (adenosín trifosfato), el combustible de la vida. Pero este proceso no es neutro: genera radicales libres que, si no se neutralizan adecuadamente, dañan el ADN mitocondrial. La evidencia reciente, como el metaanálisis de Nature Aging (2024), confirma que el deterioro mitocondrial está directamente relacionado con la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y el declive cognitivo. De hecho, investigadores del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento han demostrado que restaurar la biogénesis mitocondrial puede revertir varios marcadores del envejecimiento biológico en modelos animales. En medicina integrativa, se abordan las mitocondrias desde un enfoque holístico: nutrición, oxigenación, gestión del estrés y ritmo circadiano. Nutrientes como el magnesio, el coenzima Q10, la L-carnitina, el ácido alfa-lipoico y el resveratrol estimulan la función mitocondrial. Además, el ayuno intermitente, la exposición a temperaturas extremas (sauna o duchas frías) y el ejercicio de resistencia inducen la mitofagia, un proceso que elimina las mitocondrias dañadas para dar paso a nuevas y más eficientes. También se sabe que el exceso de estrés emocional eleva el cortisol y afecta directamente la función mitocondrial. Estudios de la Universidad de Stanford (2023) mostraron que la meditación diaria y las prácticas de respiración consciente reducen el daño oxidativo y mejoran la expresión de genes asociados con la longevidad celular. El envejecimiento saludable no depende solo de los genes, sino de cómo tratamos a nuestras mitocondrias. Cada decisión diaria —desde lo que comemos hasta cómo dormimos o respiramos— puede activar o apagar los mecanismos que preservan nuestra energía vital. Cuidar las mitocondrias no es un concepto futurista; es una estrategia profundamente humana para vivir más tiempo y con mejor calidad. Claves prácticas Prioriza una alimentación rica en grasas saludables (aguacate, aceite de oliva, frutos secos) y baja en azúcares. Practica ayuno intermitente 1 o 2 veces por semana para estimular la mitofagia. Realiza ejercicio físico regular, alternando fuerza y cardio moderado. Duerme de 7 a 8 horas con un horario constante. Evita el estrés prolongado mediante meditación, respiración o mindfulness. Cada respiración alimenta nuestras mitocondrias. En el silencio de esas pequeñas fábricas de vida se decide cómo envejecemos. El verdadero antídoto contra el paso del tiempo no está en los años que vivimos, sino en la energía que somos capaces de mantener encendida dentro de nosotros.
Por Dr. Acevedo 14 de noviembre de 2025
La inflamación es una respuesta natural del cuerpo destinada a protegernos. Pero cuando se mantiene activa de manera silenciosa y persistente, se convierte en una de las principales causas de enfermedades crónicas. A este fenómeno se le conoce como inflamación de bajo grado o inflamación crónica sistémica, y está implicada en patologías tan diversas como la diabetes, la obesidad, la depresión o incluso el cáncer. Lo más preocupante es que puede avanzar sin síntomas evidentes durante años, afectando poco a poco a nuestros órganos y tejidos. La medicina actual reconoce que esta inflamación sutil surge por una combinación de estrés oxidativo, disbiosis intestinal, exceso de glucosa, sedentarismo y exposición constante a contaminantes ambientales. Cuando estos factores persisten, el sistema inmunitario libera pequeñas cantidades de citoquinas inflamatorias (como IL-6, TNF-α o CRP) que, a largo plazo, dañan las células y aceleran el envejecimiento. Un estudio longitudinal de la Universidad de Harvard (2023) mostró que personas con niveles moderadamente elevados de proteína C reactiva presentaban un riesgo un 68% mayor de desarrollar enfermedades cardiovasculares en la siguiente década. Otros estudios (López-García et al., Nature Medicine, 2024) confirman que la inflamación de bajo grado reduce la sensibilidad a la insulina y altera la función mitocondrial, generando un círculo vicioso entre metabolismo, energía y estado emocional. La buena noticia es que este proceso puede revertirse al modificar los hábitos que lo originan. Las investigaciones más recientes apuntan a que una alimentación antiinflamatoria basada en plantas, omega-3, ayuno intermitente, ejercicio aeróbico y meditación regular disminuye marcadores inflamatorios en cuestión de semanas. Incluso se ha observado que el sueño profundo regula la producción de interleucinas proinflamatorias y mejora la reparación celular. Combatir la inflamación crónica no significa eliminarla, sino devolverla a su equilibrio fisiológico. No se trata de tomar antiinflamatorios, sino de crear un entorno interno que promueva la reparación y la armonía celular. Esto implica tanto nutrición consciente como gestión emocional y descanso adecuado. Nuestro cuerpo está diseñado para sanar; solo necesita que dejemos de obstaculizar sus mecanismos naturales de regeneración. Claves prácticas Elimina de tu dieta los azúcares refinados, grasas trans y harinas ultraprocesadas. Prioriza alimentos ricos en antioxidantes: frutos rojos, té verde, cúrcuma, jengibre y aceite de oliva virgen extra. Integra ayunos cortos o periodos de restricción calórica controlada. Practica actividad física moderada al menos 30 minutos diarios. Dedica tiempo al descanso, la respiración consciente y la gratitud diaria. La inflamación crónica es como un fuego lento que consume sin hacer ruido. La verdadera medicina consiste en apagar ese fuego desde la raíz, no solo con fármacos, sino con decisiones cotidianas que devuelvan coherencia a la vida. Cuidar lo que comes, piensas y sientes es el acto más poderoso de prevención que existe.
Por Dr. Acevedo 7 de noviembre de 2025
Tu segundo cerebro: cómo cuidar la microbiota fortalece tus defensas El otoño marca el inicio de una etapa en la que nuestro sistema inmunitario se enfrenta a mayores desafíos. Resfriados, gripe y cansancio son señales de que el cuerpo necesita apoyo. La ciencia moderna confirma lo que la medicina integrativa lleva tiempo observando: la clave de una inmunidad fuerte está en el intestino. En él habitan más de 100 billones de microorganismos que forman la microbiota intestinal, considerada hoy nuestro “segundo cerebro”. Su equilibrio determina no solo nuestra salud digestiva, sino también nuestro estado de ánimo, energía y capacidad de defensa. El 70 % de las células inmunitarias residen en el intestino. Este órgano, lejos de ser un simple tubo digestivo, actúa como un centro de inteligencia biológica que comunica constantemente con el cerebro a través del eje intestino-cerebro-inmunidad. Estudios publicados en Nature Immunology (2024) demuestran que una microbiota diversa y estable modula la respuesta inmune, reduciendo la inflamación sistémica y mejorando la tolerancia frente a infecciones y alergias. Los desequilibrios intestinales (disbiosis), causados por dietas ultraprocesadas, estrés crónico o antibióticos, alteran esta armonía y predisponen a enfermedades autoinmunes, metabólicas y emocionales. La medicina integrativa aborda este eje de forma global: alimentación, fitoterapia, probióticos y gestión del estrés son pilares complementarios para restaurar el equilibrio. Alimentos fermentados como el kéfir, el chucrut o el miso aportan microorganismos beneficiosos que refuerzan la diversidad bacteriana. Los prebióticos —fibras naturales de alimentos como la cebolla, el ajo o el plátano verde— sirven de alimento a las bacterias buenas. La nutrición antiinflamatoria, rica en omega-3, polifenoles y antioxidantes, favorece la regeneración de la mucosa intestinal y la producción de metabolitos protectores, como el butirato, esencial para una inmunidad equilibrada. Asimismo, el estado emocional influye en el intestino. Un estudio de Psychoneuroendocrinology (2024) evidenció que la práctica de mindfulness y la respiración consciente reducen el estrés intestinal, mejoran la digestión y equilibran la microbiota en pocas semanas. El intestino, al fin y al cabo, no solo digiere alimentos, sino también emociones. Cuidar la microbiota es cuidar la raíz de nuestra vitalidad. No se trata de tomar suplementos al azar, sino de crear un entorno interno que favorezca la vida en todas sus formas. La medicina integrativa nos enseña que fortalecer el sistema inmune empieza cultivando un ecosistema interior armónico, donde bacterias, células y pensamientos cooperan en equilibrio. Claves prácticas Prioriza alimentos fermentados y ricos en fibra natural. Evita antibióticos innecesarios y ultraprocesados. Practica mindfulness o respiración diaria para reducir el estrés intestinal. Duerme al menos 7 horas por noche: el descanso regenera la microbiota. Mantén contacto con la naturaleza; su biodiversidad también fortalece la tuya. Tu salud es un reflejo de la vida que habita en ti. Cuando alimentas con conciencia a tu microbiota, estás fortaleciendo no solo tu sistema inmunitario, sino también tu conexión con la naturaleza de la que formas parte.
Por Dr. Acevedo 31 de octubre de 2025