RECONECTAR MENTE Y CUERPO

Dr. Acevedo • 24 de julio de 2022
Con el ritmo de vida que llevamos actualmente, tan acelerado, estamos llenos estrés, de miedos, de ansiedad, de frustración y un largo etc.
La pregunta del millón es ¿Cómo podremos prevenir o mejorar estos estados, cómo debemos hacer una gestión adecuada de estas emociones que solemos sentir?

Pues la clave está en nosotros mismos, está en el autoconocimiento, el saber cómo es que funcionamos como una entidad individual, y también saber cómo es el funcionamiento de la mente, así como del organismo en general. Cuando sabemos estas premisas, súper importantes por cierto, podremos llegar a muchas conclusiones; una de ellas quizás para poder partir, es reconocer que es lo que nos está pasando en cada momento; ahí tenemos el punto de partida: esto es lo que me está pasando. Con esta información, empezamos a observar nuestro cuerpo, que como suelo decir a muchos de mis pacientes: el cuerpo nos habla enviándonos pequeños signos y síntomas físicos y/o emocionales. Por ejemplo, si eres de los que tienes molestias en el cuello como contracturas, torticolis, o siempre estás haciendo amagos de estiramientos, o si eres de los que empiezan a tener síntomas en la piel como prurito (picor) y empiezas a rascarte sin causa aparente o cambia ligeramente el color de la piel; o te pica la nariz o garganta y empiezas a estornudar o quizás tengas síntomas gastrointestinales, molestias en el estómago, retortijones, gases abundantes, deposiciones mas blandas de lo normal o por lo contrario estreñimiento o eres de aquellas personas que empiezan a sentir que unos de los párpados tiemblan, empiezas a tener visión un poco borrosa en donde muchas veces tienes que frotar los ojos, o eres de lo que empiezan a tener hormigueo en los dedos de las manos. Como he mencionado anteriormente, esto es el cuerpo que nos está mandando señales para que le prestemos atención, nos está hablando. Si le prestamos una atención adecuada empezaremos a entender nuestro propio funcionamiento orgánico a todo nivel e iremos encajando tal cual puzzle cada una de las piezas. Esto nos lleva a tomar conciencia de uno mismo, ¿Quién soy?, ¿Cómo soy?, ¿Cómo es mi forma de ser?... Soy una persona fuerte ante determinados estímulos y menos fuerte ante otros, ¿cuáles son estos?, soy sensible, soy extrovertido o tímido, soy impulsivo, soy obsesivo, soy pasota, soy perfeccionista, le doy muchas vueltas a las cosas, tomo rápido decisiones o me cuesta tomarlas, soy desconfiado, dependo de lo que opinen los demás, soy seguro o inseguro, tiro más a la ansiedad, o la tristeza o depresión, me bloqueo ante estas u otras situaciones, soy irascible o explosivo.

Con toda esta información de nosotros mismos, podremos tener las cartas sobre la mesa y llegar a tener un pequeño diagnóstico: ESTA ES LA CLAVE. Saber cuáles son los determinantes o factores que me estresan o me ponen alerta, estos pueden ser cualquier cosa: personas, eventualidades, situaciones, recuerdos, momentos vividos, circunstancias y un largo etcétera. Todo esto nos lleva a conocer firmemente los factores estresantes propios (individuales) y a su vez a saber cómo es la transformación de nuestra propia personalidad ante estos. Por ejemplo, es bien sabido que, una persona sensible ante un estímulo estresante se va a transformar en una persona más vulnerable teniendo una montaña rusa de emociones: estoy bien, ahora mal, ahora un pelín mejor, ahora ya mejor, ahora vuelvo a estar triste. Una persona tímida ante el factor estresante se bloquea, mientras que una persona que sea impulsiva será más agresiva, la persona que le da muchas vueltas a las cosas se transforma en una persona obsesiva entrando en pensamientos repetitivos. Una persona perfeccionista, empieza a estar insatisfecha en todos los aspectos de la vida, ya que, no hay nada que este a la altura de lo que quiere.
Por todo ello cuando te entiendes a ti mismo, desde la comprensión de tu cuerpo, de tu organismo, de tu mente, de tu personalidad, todo ello da como resultado que seas capaz de afrontar cada uno de los aspectos que consideras negativos o estresantes en tu propia vida.

Si echas un vistazo a la sociedad en la actualidad vamos súper ácidos, ¿no os dais cuenta que la gente va por la calle con cara de “estreñimiento”, con cara ácida, de pocos amigos?, todo esto es síntoma de que estamos súper intoxicados, es síntoma de que en nuestro organismo hay una inflamación orgánica constante debido a todos los subproductos bioquímicos que se están generando, ya sea por la mala alimentación (que es una realidad) y también por la falta de gestión emocional, que a su vez se genera un ciclo, vamos la pescadilla que se muerde la cola. 
Por todo esto, y muchos de mis pacientes saben esto que voy a decir (otra cosa es que lo lleven a la práctica al 100%), es que suelo decir a los cuatro vientos y a grito pelado, que hay que BASARNOS EN LOS PILARES DE LA SALUD, uno de ellos es LA ALIMENTACIÓN adecuada y balanceada (que la comida sea tu alimento y el alimento, tu medicina. Ya lo decía Hipócrates en el SS V a.c. y después de 2500 años seguimos en las mismas) y no menos importante y esto también lo saben muchos de mis pacientes : EL SUEÑO, que tiene que ser de calidad, un sueño profundo y reparador, para que las células tomen los nutrientes necesarios de esa buena alimentación y pueda hacer los procesos necesarios de reparación, limpieza y restauración, tanto a nivel físico y por supuesto a nivel mental, recordemos que los procesos de aprendizaje y memoria se hacen en las últimas fases del sueño (está en el sistema límbico o cerebro reptiliano, en dónde también están nuestras emociones). Es en esta etapa del día, durante el sueño, donde nuestro sistema inmune se potencia revitalizándose, si no tenemos un sueño de calidad, profundo y reparador pues todo el día siguiente estamos embotados, de mal genio, apáticos, irascibles, vamos que nos sale un día de … ya sabes.

Otras de las herramientas claves es hacer ejercicio adaptada según nuestras condiciones, ya es muy bien sabido que el ejercicio normal, ojo el normal, nos ayuda a relajarnos y a reconducir ese exceso de energía que quizás podríamos tener, esto comandado por el cortisol (hormona del estrés), existen otras vías de escape que se pueden hacer en conjunción con el ejercicio como pueden ser la música y sobre todo una que me gusta mucho, lo cual practico es la meditación (recuerda que la meditación no es tener la mente en blanco, esto es imposible) pueden ser varios de estos tipos meditación en las respiraciones, meditación analítica, pero ojo con la vocecilla esa que tenemos en nuestro interior que muchas veces nos puede ayudar a ser productivo o, como suele ser en la mayoría de los casos, destructiva. Por eso identifica como te tratas a ti mismo, frase clave: se amoroso y compasivo consigo mismo; de hecho esto hará que lo seas con los demás (el amor y la compasión es una fortaleza que viene desde nuestro interior y no como solemos pensar que es una debilidad).

Ten cuidado con quien te rodeas, las personas de nuestro entorno (ya que somos entidades sociales) pueden llegar a ser potencialmente generadoras de estrés y alerta (aumentando así el cortisol en nuestro organismo).
Si continuamente estamos en estado de alerta, es decir estamos utilizando nuestro sistema nervioso simpático; este es el sistema que nos ayuda a salir adelante y a ser más productivos y eficaces, pero ojo, en intervalos temporales de tiempo es saludable, pero en tiempos constantes a lo largo del tiempo, se convierte en un factor primordial para la enfermedad, es decir, es el que ara el terreno propicio para que caigamos enfermos, muy enfermos tanto a nivel físico como emocional o ambas. Por eso, necesitamos aprender a intercambiarnos de un sistema nervioso a otro, del sistema nervioso simpático al parasimpático, este es el de la relajación, el gozo, del discernimiento, de la meditación, del de conectar con uno mismo y con los demás. Y esto lo debemos de hacer según necesidad y según nuestro propio autoconocimiento de todo lo comentado anteriormente. Así serás capaz de parar el mundanal carro y pensar en que es lo que quieres en esta vida, que sentido tienes lo que haces, para que lo haces, cuáles son tus objetivos.

Con todo ello somos capaces de recuperar el control de nuestras vidas, de nuestros pensamientos, de nuestra mente y por supuesto de nuestro cuerpo físico (se recupera el sistema inmune), recuperando así nuestras propias habilidades para poder hacer frente a todas las situaciones que se nos vengan en el día a día.
Mi invitación es que practiques estos pequeños tips o consejos de tal manera de que RECONECTEMOS CUERPO Y MENTE, ya que incluso la ciencia lo avala, es la única manera de ponernos en orden y poder retomar el control de nuestras vidas.

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El Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja celebra una de las mayores redes humanitarias del mundo. Millones de voluntarios dedican tiempo y esfuerzo a ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. Más allá de su impacto social, la ciencia está descubriendo algo sorprendente: la solidaridad también tiene efectos positivos en la salud de quien ayuda. Durante mucho tiempo se pensó que el altruismo era únicamente un comportamiento moral o cultural. Sin embargo, estudios recientes en neurociencia y psicología han demostrado que los actos de ayuda activan regiones cerebrales asociadas con el bienestar y la recompensa. Investigaciones publicadas en Nature Human Behaviour muestran que cuando una persona realiza actos altruistas se activan circuitos cerebrales relacionados con la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias no solo generan sensación de bienestar, sino que también influyen en el sistema inmunitario y en la regulación del estrés. En paralelo, estudios epidemiológicos han encontrado que las personas que participan regularmente en actividades de voluntariado presentan menores niveles de depresión, mejor salud cardiovascular y mayor longevidad. Desde la medicina integrativa, estos hallazgos refuerzan una idea fundamental: la salud humana no es solo biológica, también es relacional. La conexión social, el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia son factores protectores poderosos para el bienestar físico y emocional. En un mundo donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente, recuperar espacios de cooperación y solidaridad puede convertirse en una auténtica medicina comunitaria. Claves prácticas Participar en actividades de voluntariado o apoyo comunitario. Cultivar relaciones sociales significativas. Practicar pequeños actos de generosidad cotidiana. Reconocer el valor emocional de ayudar a otros. La solidaridad no solo transforma comunidades; también transforma a quienes participan en ella. Reflexión final En ocasiones buscamos la salud en dietas, suplementos o tratamientos complejos. Pero a veces una parte esencial del bienestar humano aparece cuando recordamos que estamos profundamente conectados con los demás. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 1 de mayo de 2026
Cada Día Internacional de los Trabajadores nos recuerda la importancia del trabajo en nuestras vidas. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido una paradoja: mientras la tecnología prometía hacernos la vida más fácil, muchas personas sienten hoy más agotamiento, estrés y desconexión con su propio cuerpo que nunca. La medicina moderna está empezando a reconocer un fenómeno creciente: el desgaste fisiológico asociado al estrés laboral crónico. El trabajo no solo implica actividad física o mental; también activa sistemas biológicos profundos. Cuando una persona vive bajo presión constante —plazos, hiperconectividad digital, falta de descanso— el organismo mantiene activado el sistema nervioso simpático, el mismo que se activa ante una amenaza. Este estado prolongado aumenta la liberación de cortisol y adrenalina. A corto plazo permite rendir más, pero a largo plazo puede alterar el sistema inmunitario, favorecer la inflamación y aumentar el riesgo de trastornos cardiovasculares. Investigaciones publicadas en The Lancet y Occupational & Environmental Medicine han demostrado que jornadas laborales prolongadas se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardíaca y trastornos metabólicos. Desde una perspectiva de medicina integrativa, el problema no es el trabajo en sí, sino la pérdida de equilibrio entre actividad y recuperación. El organismo humano está diseñado para alternar esfuerzo con descanso, concentración con relajación. Además, el sentido que atribuimos al trabajo también influye en la salud. Diversos estudios en psicología de la salud muestran que las personas que perciben su trabajo como significativo presentan niveles más bajos de estrés fisiológico y mayor bienestar general. Claves prácticas Introducir pausas breves cada 90 minutos de trabajo. Mantener movimiento físico regular durante el día. Establecer límites claros en el uso de tecnología fuera del horario laboral. Priorizar el descanso nocturno y la recuperación mental. Trabajar es una parte fundamental de la vida, pero la salud no debería ser el precio a pagar por ello. Cuando aprendemos a respetar los ritmos del cuerpo, el rendimiento y el bienestar pueden coexistir. Reflexión final El verdadero progreso no consiste en trabajar más horas, sino en vivir de una forma que permita al cuerpo seguir funcionando con equilibrio y vitalidad. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 24 de abril de 2026
El estrés forma parte natural de la vida. Sin embargo, el problema no es el estrés puntual, sino la activación crónica del sistema de alerta que caracteriza a la vida moderna. Cuando el cerebro percibe una amenaza, el organismo activa el sistema nervioso simpático y libera hormonas como adrenalina y cortisol. Este mecanismo es útil para responder a situaciones de peligro, pero cuando se mantiene durante semanas o meses puede afectar profundamente a la salud. Estudios publicados en The Lancet Psychiatry y Psychoneuroendocrinology han demostrado que el estrés crónico altera el sistema inmunitario, aumenta la inflamación sistémica y favorece trastornos metabólicos. Además, el exceso de cortisol puede afectar a la memoria, el estado de ánimo y la calidad del sueño. Desde la medicina integrativa, la regulación del sistema nervioso se considera un pilar fundamental de la salud. Claves prácticas Practicar respiración consciente o meditación. Realizar actividad física regular. Establecer límites en el uso de tecnología. Priorizar momentos de descanso real. El cuerpo humano está diseñado para alternar momentos de actividad y recuperación. Cuando ese equilibrio desaparece, el organismo empieza a enviar señales. Reflexión final Quizá la verdadera revolución en salud no sea hacer más cosas, sino aprender a detenernos a tiempo. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 17 de abril de 2026
El Día Mundial del Parkinson, celebrado cada 11 de abril, busca aumentar la conciencia sobre una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Tradicionalmente se ha considerado un trastorno exclusivamente neurológico, pero investigaciones recientes están ampliando la comprensión de sus mecanismos. El Parkinson se caracteriza por la degeneración de neuronas dopaminérgicas en el cerebro, lo que provoca síntomas motores como temblores, rigidez o lentitud de movimientos. Sin embargo, estudios recientes sugieren que el proceso puede comenzar años antes con alteraciones digestivas y cambios en la microbiota intestinal. Investigaciones publicadas en Gut y Neurology indican que la interacción entre intestino y cerebro podría desempeñar un papel relevante en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Esto ha abierto nuevas líneas de investigación en medicina integrativa, donde se exploran factores como la nutrición antiinflamatoria, el ejercicio físico y la regulación del estrés como elementos complementarios en el manejo de la enfermedad. Aunque estos enfoques no sustituyen los tratamientos neurológicos convencionales, pueden contribuir a mejorar la calidad de vida y el bienestar global de los pacientes. Claves prácticas Fomentar actividad física adaptada. Priorizar alimentación antiinflamatoria. Cuidar el sueño y la gestión del estrés. Mantener apoyo social y emocional. Comprender el Parkinson desde una perspectiva más amplia permite abrir nuevas vías de acompañamiento terapéutico. Reflexión final Cuando ampliamos la mirada sobre la enfermedad, también ampliamos las posibilidades de cuidado y de esperanza. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 10 de abril de 2026
El envejecimiento cerebral es un proceso natural, pero no necesariamente significa pérdida de capacidad cognitiva. La ciencia moderna está demostrando que muchos factores relacionados con el estilo de vida pueden influir en la velocidad a la que el cerebro envejece. Uno de los descubrimientos más importantes en neurología preventiva es el papel de la neuroinflamación. Investigaciones publicadas en Nature Neuroscience muestran que procesos inflamatorios sostenidos en el cerebro se asocian con deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas. Factores como el sedentarismo, la mala alimentación o el estrés prolongado pueden acelerar este proceso. En cambio, hábitos como la actividad física regular, el aprendizaje continuo y una nutrición adecuada parecen tener un efecto protector sobre las neuronas. La dieta mediterránea y los patrones alimentarios ricos en antioxidantes y ácidos grasos omega-3 han demostrado reducir el riesgo de deterioro cognitivo en diversos estudios longitudinales. Desde una perspectiva integrativa, proteger el cerebro implica cuidar todo el organismo: metabolismo, microbiota intestinal, calidad del sueño y bienestar emocional. Claves prácticas Mantener actividad física regular. Estimular el cerebro con aprendizaje continuo. Dormir bien para favorecer la regeneración neuronal. Cuidar la microbiota intestinal. El cerebro no es un órgano aislado. Está profundamente conectado con el resto del cuerpo y con la forma en que vivimos. Reflexión final Cada decisión diaria —desde lo que comemos hasta cómo gestionamos el estrés— puede convertirse en una inversión en la salud futura de nuestro cerebro. Dr. Acevedo.
Por Dr.Acevedo 3 de abril de 2026
Durante décadas la medicina ha buscado causas específicas para cada enfermedad. Sin embargo, cada vez más investigaciones señalan un denominador común detrás de múltiples patologías: la inflamación crónica de bajo grado. Este proceso silencioso, también llamado microinflamación, no produce síntomas evidentes al principio, pero con el tiempo puede convertirse en el terreno donde se desarrollan enfermedades cardiovasculares, metabólicas y neurodegenerativas. La inflamación es un mecanismo natural de defensa del organismo. Cuando aparece una infección o una lesión, el sistema inmunitario responde activando procesos inflamatorios para reparar el tejido. El problema surge cuando esa inflamación se mantiene activa de forma constante. Estudios publicados en Nature Medicine y The Lancet han mostrado que niveles elevados de marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva o ciertas interleucinas se asocian con mayor riesgo de diabetes tipo 2, aterosclerosis y deterioro cognitivo. Diversos factores de la vida moderna alimentan este proceso: alimentación ultraprocesada, estrés crónico, sedentarismo, alteraciones del sueño y desequilibrios en la microbiota intestinal. Desde la medicina integrativa se entiende que la inflamación no es una enfermedad aislada, sino una señal de desequilibrio sistémico que afecta simultáneamente al metabolismo, al sistema nervioso y al sistema inmunitario. Claves prácticas Priorizar alimentos naturales y ricos en fibra vegetal. Reducir azúcares refinados y ultraprocesados. Dormir entre siete y ocho horas de calidad. Mantener actividad física regular. La inflamación silenciosa no suele sentirse… hasta que aparece la enfermedad. Por eso, la prevención es la estrategia más poderosa. Reflexión final Cuidar la salud no siempre consiste en reaccionar ante los síntomas. A menudo consiste en evitar que el terreno inflamatorio llegue a aparecer. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 27 de marzo de 2026
El Día Mundial del Teatro, celebrado cada 27 de marzo, nos recuerda el poder de la expresión humana. El teatro es emoción, narrativa y presencia. Pero más allá del arte, existe una dimensión profunda que conecta directamente con la salud: expresar lo que sentimos tiene efectos fisiológicos reales. Durante décadas, la medicina ha centrado su atención en los síntomas físicos. Sin embargo, cada vez más investigaciones muestran que el cuerpo y las emociones están profundamente interconectados. Las emociones no expresadas generan una activación sostenida del sistema nervioso. Cuando una persona reprime constantemente tristeza, miedo o enfado, el sistema nervioso simpático permanece activado durante más tiempo del necesario. Este estado prolongado eleva los niveles de cortisol y adrenalina, lo que a largo plazo puede afectar al sistema inmunitario, la digestión y la regulación hormonal. Investigaciones publicadas en Psychosomatic Medicine muestran que la supresión emocional se asocia con mayor riesgo de hipertensión, trastornos digestivos y síntomas inflamatorios. Por el contrario, expresar emociones de manera consciente puede tener efectos terapéuticos. Estudios sobre escritura emocional y terapias expresivas realizados en la Universidad de Texas demostraron que las personas que verbalizan o escriben sobre experiencias emocionales complejas presentan mejoras en parámetros inmunológicos y reducción del estrés fisiológico. El teatro, la música, el arte o incluso la conversación sincera activan regiones cerebrales relacionadas con la regulación emocional, como la corteza prefrontal y el sistema límbico. Estas áreas ayudan a procesar experiencias, integrarlas y disminuir la carga fisiológica asociada al estrés. Desde la medicina integrativa, esto se traduce en una visión clara: las emociones también forman parte del tratamiento de la salud. Claves prácticas Hablar abiertamente de las emociones con personas de confianza. Utilizar la escritura o el arte como herramientas de expresión. Practicar respiración consciente cuando aparezcan emociones intensas. Evitar reprimir emociones de forma sistemática. El cuerpo no distingue entre emociones físicas o emocionales. Todo lo que sentimos deja una huella en nuestra biología. Reflexión final Tal vez sanar no siempre signifique eliminar un síntoma. A veces significa simplemente atreverse a expresar lo que llevamos dentro. Dr. Acevedo.
Por Dr. Acevedo 20 de marzo de 2026
Cada año, alrededor del 20 de marzo, ocurre un fenómeno astronómico que también tiene un impacto profundo en nuestra biología: el Equinoccio de primavera. Durante este momento, el día y la noche tienen prácticamente la misma duración, marcando el inicio de una nueva etapa en los ritmos de la naturaleza. Aunque muchas veces lo percibimos solo como un cambio climático, la ciencia moderna demuestra que estas transiciones estacionales influyen en nuestro organismo. Cambian los ritmos hormonales, el metabolismo y la actividad del sistema inmunitario. Desde la medicina integrativa, este periodo se considera un momento ideal para reajustar hábitos y favorecer el equilibrio mente-cuerpo. Uno de los sistemas más sensibles a los cambios de estación es el ritmo circadiano, regulado por el hipotálamo y sincronizado principalmente por la luz solar. A medida que aumentan las horas de luz en primavera, disminuye la producción de melatonina y se modifica la liberación de cortisol, lo que puede generar una sensación de mayor energía… pero también cierto desajuste temporal. Investigaciones en cronobiología publicadas en Chronobiology International han mostrado que estos cambios pueden provocar durante algunas semanas síntomas como cansancio, alteraciones del sueño o variaciones del estado de ánimo. Es lo que popularmente se conoce como astenia primaveral. Desde el punto de vista metabólico, el organismo también comienza a movilizar reservas energéticas acumuladas durante el invierno. Este proceso implica ajustes en el metabolismo de glucosa y lípidos, así como cambios en la microbiota intestinal. Un estudio publicado en Nature Communications demostró que la composición de la microbiota humana varía con las estaciones, lo que influye en la digestión, el sistema inmunitario y la regulación inflamatoria. Por eso, en medicina integrativa se recomienda acompañar esta transición con hábitos que faciliten la adaptación fisiológica. No se trata de realizar cambios bruscos ni dietas extremas, sino de favorecer una transición gradual hacia un metabolismo más activo. Incrementar el consumo de verduras frescas, aumentar el movimiento físico al aire libre y regular los horarios de descanso ayuda al organismo a sincronizarse con el nuevo ciclo de luz. Claves prácticas Aprovechar la luz natural de la mañana para regular el ritmo circadiano. Aumentar progresivamente la actividad física al aire libre. Priorizar alimentos frescos y ricos en fibra vegetal. Mantener horarios regulares de sueño. La primavera no empieza solo en los calendarios; empieza también dentro del cuerpo. Cuando comprendemos estos ritmos naturales, podemos acompañarlos en lugar de luchar contra ellos. Reflexión final La naturaleza cambia de estación sin esfuerzo. Tal vez la verdadera salud consista en aprender a cambiar con ella. Dr. Acevedo.