¿Es realmente la alimentación basada en plantas o vegana, realmente eficaz para reducir patologías de la sociedad actual?
Dr. Acevedo • 24 de julio de 2022
Pues bien, este es uno de los grandes enigmas a los que nos enfrentamos muchos profesionales sanitarios y parasanitarios en el día a día en nuestras consultas. Actualmente cada vez más, son las personas que desean tener un poco el control sobre su salud y ello conlleva re-aprender a alimentarse de una manera adecuada, balanceada, práctica y que a la vez proporcione toda la energía necesaria para poder llevar a cabo el día a día sin caer enfermos en esta sociedad competitiva y con un ritmo frenético.
Parece ser que una de las modalidades en alimentación que cada vez está ganando más terreno es la ALIMENTACIÓN BASADA EN PLANTAS (ABP), es decir, que no consume en su dieta NADA de origen animal (tampoco miel, ni quesos, ni nada que venga de algún ser del reino animal cualquiera que sea este, ni sus secreciones, ni subproductos).
De antemano es importante recalcar la diferencia con el termino VEGANISMO – VEGANO - que es una persona que sigue la filosofía y ética de este movimiento, único y exclusivamente en pro de la liberación animal en todos sus aspectos. Por ello, una persona que sigue este movimiento ético lleva una alimentación basada en plantas, pero a su vez una persona que lleva una alimentación estrictamente basada en plantas no necesariamente es vegana, ya que, puede o no seguir la ética del veganismo. Una vez aclarado esto, nos adentramos en la gran cuestión que nos planteamos en el título de este artículo.
Son inmensos los beneficios y el impacto que desde una alimentación basada en plantas (ABP) podría llegar a tener en la salud humana. Existen una amplia gama de estudios científicos sobre nutrición que avalan que el aumento del consumo de frutas y de verduras ayuda considerablemente a potenciar el estado de salud y bienestar del ser humano, conllevando ello a tener un mejor sistema inmune, una mejor salud cardiovascular, una mejor salud ósea, una mejor recuperación sobre la acción de los radicales libres (oxidantes) en todas las células.
Si bien está asociado la ABP con la disminución progresiva y mejora del sistema cardiovascular, ya que, esta provee de nutrientes protectores celulares frente a la cantidad de metabolitos oxidantes de otros tipos de alimentación, que además son gigantes los aportes de grasas saturadas como el colesterol y los triglicéridos terreno ideal de estas patologías. Y no solamente esto, sino que a su vez, esta mejora conlleva a una mejor recuperación de las agresiones producidas por los radicales libres a las células del sistema nervioso, las neuronas. Ayudando así a frenar los procesos degenerativos de estas.
Los fitonutrientes, es decir todos los nutrientes que obtenemos del gran abanico que nos proporciona el reino vegetal (plantas) y otros reinos fuentes de alimentos como el reino fúngico (hongos y setas), reino de las algas (protistas, fitoplancton y cianobacterias); son tan variados y amplios que solo con estos reinos obtenemos todo lo necesario para poder mantenernos sanos, vigorosos, energéticos, activos y sobre todo que nos proporcionan en grandes y diversas cantidades todos las moléculas necesarias para la vida: carbohidratos (azucares de calidad), agua, aminoácidos (proteínas) todos ellos, los esenciales y los no esenciales; vitaminas, minerales, fibra, e incluso algunos fitofármacos que nos ayudan a potenciar y/o a paliar los diferentes desequilibrios orgánicos que nos inducen a enfermar.
Eso sí como todo en la vida, las cosas hay que saberlas hacer, en este caso desde el punto de vista nutricional estar seguros de aportar todo lo necesario para el correcto funcionamiento orgánico, por ello no debemos olvidarnos que este tipo ABP, requiere especial atención a que se puedan producir déficit en ciertos nutrientes como la Vitamina B12 (que no se consigue eficientemente con este tipo de alimentación, pero que es de fácil aportación), la vitamina D (que aunque su fuente no es ninguno de los tipos de alimentación existente, es decir que la sintetizamos a partir del sol en mayor medida) y del resto que se suelen hablar como el hierro, el calcio, el yodo y quizás alguna otra que se me queda en el tintero, está muy demostrado que no existe riesgo a tener déficit de estos otros nutrientes llevando, eso sí, correctamente una ABP.

Pasamos gran parte de nuestra vida en espacios cerrados, frente a pantallas y alejados de los ritmos naturales. Sin embargo, el organismo humano evolucionó en contacto permanente con la naturaleza. La ciencia moderna está confirmando algo que intuitivamente ya sabíamos: el contacto con entornos naturales tiene efectos reales sobre la salud física y mental. Diversos estudios en medicina ambiental muestran que pasar tiempo en espacios verdes reduce los niveles de cortisol, mejora la presión arterial y disminuye marcadores inflamatorios. Investigaciones realizadas en Japón sobre el shinrin-yoku o “baño de bosque” han demostrado mejoras en la actividad del sistema nervioso parasimpático y en la función inmunitaria tras caminar en entornos naturales. Además, la exposición a luz solar natural ayuda a regular ritmos circadianos, mejorar la síntesis de vitamina D y estabilizar neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo. Desde una perspectiva integrativa, la naturaleza no se entiende solo como un lugar agradable, sino como un regulador biológico. Claves prácticas Caminar regularmente en espacios naturales. Exponerse a luz natural por la mañana. Reducir tiempo de pantalla cuando sea posible. Practicar momentos de atención plena en la naturaleza. El cuerpo humano todavía reconoce los ritmos naturales aunque hayamos aprendido a ignorarlos. Reflexión A veces el sistema nervioso no necesita más estimulación. Necesita árboles, silencio y aire libre.

El Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja celebra una de las mayores redes humanitarias del mundo. Millones de voluntarios dedican tiempo y esfuerzo a ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. Más allá de su impacto social, la ciencia está descubriendo algo sorprendente: la solidaridad también tiene efectos positivos en la salud de quien ayuda. Durante mucho tiempo se pensó que el altruismo era únicamente un comportamiento moral o cultural. Sin embargo, estudios recientes en neurociencia y psicología han demostrado que los actos de ayuda activan regiones cerebrales asociadas con el bienestar y la recompensa. Investigaciones publicadas en Nature Human Behaviour muestran que cuando una persona realiza actos altruistas se activan circuitos cerebrales relacionados con la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias no solo generan sensación de bienestar, sino que también influyen en el sistema inmunitario y en la regulación del estrés. En paralelo, estudios epidemiológicos han encontrado que las personas que participan regularmente en actividades de voluntariado presentan menores niveles de depresión, mejor salud cardiovascular y mayor longevidad. Desde la medicina integrativa, estos hallazgos refuerzan una idea fundamental: la salud humana no es solo biológica, también es relacional. La conexión social, el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia son factores protectores poderosos para el bienestar físico y emocional. En un mundo donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente, recuperar espacios de cooperación y solidaridad puede convertirse en una auténtica medicina comunitaria. Claves prácticas Participar en actividades de voluntariado o apoyo comunitario. Cultivar relaciones sociales significativas. Practicar pequeños actos de generosidad cotidiana. Reconocer el valor emocional de ayudar a otros. La solidaridad no solo transforma comunidades; también transforma a quienes participan en ella. Reflexión final En ocasiones buscamos la salud en dietas, suplementos o tratamientos complejos. Pero a veces una parte esencial del bienestar humano aparece cuando recordamos que estamos profundamente conectados con los demás. Dr. Acevedo.

Cada Día Internacional de los Trabajadores nos recuerda la importancia del trabajo en nuestras vidas. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido una paradoja: mientras la tecnología prometía hacernos la vida más fácil, muchas personas sienten hoy más agotamiento, estrés y desconexión con su propio cuerpo que nunca. La medicina moderna está empezando a reconocer un fenómeno creciente: el desgaste fisiológico asociado al estrés laboral crónico. El trabajo no solo implica actividad física o mental; también activa sistemas biológicos profundos. Cuando una persona vive bajo presión constante —plazos, hiperconectividad digital, falta de descanso— el organismo mantiene activado el sistema nervioso simpático, el mismo que se activa ante una amenaza. Este estado prolongado aumenta la liberación de cortisol y adrenalina. A corto plazo permite rendir más, pero a largo plazo puede alterar el sistema inmunitario, favorecer la inflamación y aumentar el riesgo de trastornos cardiovasculares. Investigaciones publicadas en The Lancet y Occupational & Environmental Medicine han demostrado que jornadas laborales prolongadas se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardíaca y trastornos metabólicos. Desde una perspectiva de medicina integrativa, el problema no es el trabajo en sí, sino la pérdida de equilibrio entre actividad y recuperación. El organismo humano está diseñado para alternar esfuerzo con descanso, concentración con relajación. Además, el sentido que atribuimos al trabajo también influye en la salud. Diversos estudios en psicología de la salud muestran que las personas que perciben su trabajo como significativo presentan niveles más bajos de estrés fisiológico y mayor bienestar general. Claves prácticas Introducir pausas breves cada 90 minutos de trabajo. Mantener movimiento físico regular durante el día. Establecer límites claros en el uso de tecnología fuera del horario laboral. Priorizar el descanso nocturno y la recuperación mental. Trabajar es una parte fundamental de la vida, pero la salud no debería ser el precio a pagar por ello. Cuando aprendemos a respetar los ritmos del cuerpo, el rendimiento y el bienestar pueden coexistir. Reflexión final El verdadero progreso no consiste en trabajar más horas, sino en vivir de una forma que permita al cuerpo seguir funcionando con equilibrio y vitalidad. Dr. Acevedo.

El estrés forma parte natural de la vida. Sin embargo, el problema no es el estrés puntual, sino la activación crónica del sistema de alerta que caracteriza a la vida moderna. Cuando el cerebro percibe una amenaza, el organismo activa el sistema nervioso simpático y libera hormonas como adrenalina y cortisol. Este mecanismo es útil para responder a situaciones de peligro, pero cuando se mantiene durante semanas o meses puede afectar profundamente a la salud. Estudios publicados en The Lancet Psychiatry y Psychoneuroendocrinology han demostrado que el estrés crónico altera el sistema inmunitario, aumenta la inflamación sistémica y favorece trastornos metabólicos. Además, el exceso de cortisol puede afectar a la memoria, el estado de ánimo y la calidad del sueño. Desde la medicina integrativa, la regulación del sistema nervioso se considera un pilar fundamental de la salud. Claves prácticas Practicar respiración consciente o meditación. Realizar actividad física regular. Establecer límites en el uso de tecnología. Priorizar momentos de descanso real. El cuerpo humano está diseñado para alternar momentos de actividad y recuperación. Cuando ese equilibrio desaparece, el organismo empieza a enviar señales. Reflexión final Quizá la verdadera revolución en salud no sea hacer más cosas, sino aprender a detenernos a tiempo. Dr. Acevedo.

El Día Mundial del Parkinson, celebrado cada 11 de abril, busca aumentar la conciencia sobre una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Tradicionalmente se ha considerado un trastorno exclusivamente neurológico, pero investigaciones recientes están ampliando la comprensión de sus mecanismos. El Parkinson se caracteriza por la degeneración de neuronas dopaminérgicas en el cerebro, lo que provoca síntomas motores como temblores, rigidez o lentitud de movimientos. Sin embargo, estudios recientes sugieren que el proceso puede comenzar años antes con alteraciones digestivas y cambios en la microbiota intestinal. Investigaciones publicadas en Gut y Neurology indican que la interacción entre intestino y cerebro podría desempeñar un papel relevante en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Esto ha abierto nuevas líneas de investigación en medicina integrativa, donde se exploran factores como la nutrición antiinflamatoria, el ejercicio físico y la regulación del estrés como elementos complementarios en el manejo de la enfermedad. Aunque estos enfoques no sustituyen los tratamientos neurológicos convencionales, pueden contribuir a mejorar la calidad de vida y el bienestar global de los pacientes. Claves prácticas Fomentar actividad física adaptada. Priorizar alimentación antiinflamatoria. Cuidar el sueño y la gestión del estrés. Mantener apoyo social y emocional. Comprender el Parkinson desde una perspectiva más amplia permite abrir nuevas vías de acompañamiento terapéutico. Reflexión final Cuando ampliamos la mirada sobre la enfermedad, también ampliamos las posibilidades de cuidado y de esperanza. Dr. Acevedo.

El envejecimiento cerebral es un proceso natural, pero no necesariamente significa pérdida de capacidad cognitiva. La ciencia moderna está demostrando que muchos factores relacionados con el estilo de vida pueden influir en la velocidad a la que el cerebro envejece. Uno de los descubrimientos más importantes en neurología preventiva es el papel de la neuroinflamación. Investigaciones publicadas en Nature Neuroscience muestran que procesos inflamatorios sostenidos en el cerebro se asocian con deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas. Factores como el sedentarismo, la mala alimentación o el estrés prolongado pueden acelerar este proceso. En cambio, hábitos como la actividad física regular, el aprendizaje continuo y una nutrición adecuada parecen tener un efecto protector sobre las neuronas. La dieta mediterránea y los patrones alimentarios ricos en antioxidantes y ácidos grasos omega-3 han demostrado reducir el riesgo de deterioro cognitivo en diversos estudios longitudinales. Desde una perspectiva integrativa, proteger el cerebro implica cuidar todo el organismo: metabolismo, microbiota intestinal, calidad del sueño y bienestar emocional. Claves prácticas Mantener actividad física regular. Estimular el cerebro con aprendizaje continuo. Dormir bien para favorecer la regeneración neuronal. Cuidar la microbiota intestinal. El cerebro no es un órgano aislado. Está profundamente conectado con el resto del cuerpo y con la forma en que vivimos. Reflexión final Cada decisión diaria —desde lo que comemos hasta cómo gestionamos el estrés— puede convertirse en una inversión en la salud futura de nuestro cerebro. Dr. Acevedo.



