¿Realmente nos afecta orgánicamente lo que pensamos?

Dr. Acevedo • 6 de diciembre de 2022

¿Realmente nos afecta orgánicamente lo que pensamos?

Pues bien la respuesta rápida es: SI.

Pero para que lo entendamos mejor lo voy a desarrollar, porque como bien sabéis es necesario entender que es lo que está ocurriendo para que en cierta medida podamos actuar en consecuencia.

Vamos a allá. Una las cosas que es importante saber es que nuestra mente y cuerpo no discrimina o distingue entre una amenaza real de una imaginaria. Es decir, la respuesta bioquímica generada ante una situación estresante real es la misma que se genera al pensar en tener una amenaza, es decir y quizás aquí podemos meter los pensamientos negativos y anticipatorios. Lo explico para que lo entendamos mejor: si recibimos una llamada de alguien que nos comenta que algo grave ha pasado, pues nuestro cuerpo se pone en alerta generando toda una cascada hormonal, estas hormonas que participan en este proceso son la adrenalina y el cortisol. Ahora bien, si lo que hacemos es tener pensamientos amenazantes como por ejemplo, esta noche salgo tarde de trabajar y fijo me van a robar, o aunque esté trabajando al máximo no voy a llegar a fin de mes, o seguro que con tanto cambio de tiempo que estamos viviendo me voy a enfermar fijo y así una larga lista de pensamientos negativos anticipatorios; pues esto también genera la misma cascada hormonal de la adrenalina y cortisol. Hasta aquí todo entendido, ¿no? Que la activación cerebral por algo real se hace exactamente igual que por algo que pensamos.

 Pues bien, tener estos estados de alerta a lo largo de mucho tiempo, es decir en continuidad nos lleva a que nos enfermemos. Científicamente hablando está comprobado que más del 90% de las cosas que nos preocupan realmente no suceden, pero nuestra mente lo procesa como si lo fuese. Esto lo que hace es que estemos continuamente, día a día, es estados de alerta mantenidos, sin descanso. Lo que significa que estamos constantemente con niveles altísimos de cortisol.

Estos niveles súper altos de estas hormonas en nuestro organismo son los responsables de cambios tanto físicos como mentales (emocionales). Por ejemplo, a nivel físico empezamos a perder pelo, nuestra piel está más arrugada, incluso cambia de color, empezamos a tener problemas con las hormonas sexuales, teniendo desajustes en la menstruación en mujeres y problemas de erección, eyaculación precoz o tardía en hombres. Esto es debido a que en estos estados el cuerpo fisiológicamente empieza a darle prioridad de supervivencia a tejidos que lo necesiten y a descartar aquellos que considera que no son necesarios para la supervivencia (por ejemplo el pelo y la reproducción). Los estados de estrés mantenidos debilitan nuestro sistema inmune (el cortisol de manera puntual es antinflamatorio), lo que hace que se propicien cascadas bioquímicas inflamatorias, generando comúnmente problemas en diferentes sistemas orgánicos como por ejemplo: dermatitis, colon irritable, problemas digestivos varios.

A su vez estos estados de inflamación latentes, silenciosos y destructivos, generados por esos estados de alerta continuos, desajustan notoriamente todo el buen funcionamiento orgánico y uno de los más importantes es el aparato o sistema digestivo (gastrointestinal) y por supuesto todo el sistema nervioso (mental). Para ver cómo se va generando este malestar en estos sistemas, primero recordar que en el sistema gastrointestinal, hoy día sabemos que, existe una gran red nerviosa por ello se ha ganado el título de segundo cerebro. Aquí es importante hablar del apasionado mundo de la microbiota, que como muchos sabéis es uno de los que para mí desde hace muchos años se ha convertido en los imprescindibles a trabajar en consulta con todos los pacientes. Dentro de la luz del propio tubo digestivo hay una barrera que se ve expuesta a estos altos niveles de inflamación generando permeabilidades a compuestos que no deberían de atravesar a la sangre, generando a su vez sangrados en las paredes intestinales y esto a su vez perdida de la continuidad de las mucosas, lo que nos lleva a desequilibrios en las comunidades bacterianas generando un total caos en toda la microbiota, no solo en las bacterias, sino en los hongos, virus y parásitos. Haciendo esto propicio para diferentes enfermedades en consecuencia y a todos los niveles.

Pero aquí no se queda esto, sino que también afecta al propio funcionamiento del cerebro generando distorsiones en diferentes neurotransmisores necesarios para una buena gestión emocional, como por ejemplo podría citar la serotonina que, ya se sabe que su mayor producción es por una buen microbiota en el intestino delgado; generando bajones en el estado de ánimo, tristeza, depresiones, o cuadros ansiodrepresivos. Normalmente las personas se enfrentan a estar más susceptibles e irascibles, afectando las horas de descanso con alteraciones en el sueño por los altos niveles de cortisol (alerta constante) y levantándose como si no hubieran parado en toda la noche, estando cansados tanto a nivel físico como psíquico.

Si somos conscientes de todo, esto nos podría dar las claves para resolver la mayoría de las patologías que nos aquejan en la actualidad en este mundo desenfrenado y frenético en el que vivimos; tratando de solventar en la medida de lo posible cada una de las situaciones en nuestra vida, dándonos mayor control de nuestro cuerpo y por supuesto de nuestra mente, de nuestras emociones.

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Pasamos gran parte de nuestra vida en espacios cerrados, frente a pantallas y alejados de los ritmos naturales. Sin embargo, el organismo humano evolucionó en contacto permanente con la naturaleza. La ciencia moderna está confirmando algo que intuitivamente ya sabíamos: el contacto con entornos naturales tiene efectos reales sobre la salud física y mental. Diversos estudios en medicina ambiental muestran que pasar tiempo en espacios verdes reduce los niveles de cortisol, mejora la presión arterial y disminuye marcadores inflamatorios. Investigaciones realizadas en Japón sobre el shinrin-yoku o “baño de bosque” han demostrado mejoras en la actividad del sistema nervioso parasimpático y en la función inmunitaria tras caminar en entornos naturales. Además, la exposición a luz solar natural ayuda a regular ritmos circadianos, mejorar la síntesis de vitamina D y estabilizar neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo. Desde una perspectiva integrativa, la naturaleza no se entiende solo como un lugar agradable, sino como un regulador biológico. Claves prácticas Caminar regularmente en espacios naturales. Exponerse a luz natural por la mañana. Reducir tiempo de pantalla cuando sea posible. Practicar momentos de atención plena en la naturaleza. El cuerpo humano todavía reconoce los ritmos naturales aunque hayamos aprendido a ignorarlos. Reflexión A veces el sistema nervioso no necesita más estimulación. Necesita árboles, silencio y aire libre.
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El Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja celebra una de las mayores redes humanitarias del mundo. Millones de voluntarios dedican tiempo y esfuerzo a ayudar a personas en situaciones de vulnerabilidad. Más allá de su impacto social, la ciencia está descubriendo algo sorprendente: la solidaridad también tiene efectos positivos en la salud de quien ayuda. Durante mucho tiempo se pensó que el altruismo era únicamente un comportamiento moral o cultural. Sin embargo, estudios recientes en neurociencia y psicología han demostrado que los actos de ayuda activan regiones cerebrales asociadas con el bienestar y la recompensa. Investigaciones publicadas en Nature Human Behaviour muestran que cuando una persona realiza actos altruistas se activan circuitos cerebrales relacionados con la dopamina y la oxitocina. Estas sustancias no solo generan sensación de bienestar, sino que también influyen en el sistema inmunitario y en la regulación del estrés. En paralelo, estudios epidemiológicos han encontrado que las personas que participan regularmente en actividades de voluntariado presentan menores niveles de depresión, mejor salud cardiovascular y mayor longevidad. Desde la medicina integrativa, estos hallazgos refuerzan una idea fundamental: la salud humana no es solo biológica, también es relacional. La conexión social, el apoyo mutuo y el sentido de pertenencia son factores protectores poderosos para el bienestar físico y emocional. En un mundo donde el aislamiento social se ha convertido en un problema creciente, recuperar espacios de cooperación y solidaridad puede convertirse en una auténtica medicina comunitaria. Claves prácticas Participar en actividades de voluntariado o apoyo comunitario. Cultivar relaciones sociales significativas. Practicar pequeños actos de generosidad cotidiana. Reconocer el valor emocional de ayudar a otros. La solidaridad no solo transforma comunidades; también transforma a quienes participan en ella. Reflexión final En ocasiones buscamos la salud en dietas, suplementos o tratamientos complejos. Pero a veces una parte esencial del bienestar humano aparece cuando recordamos que estamos profundamente conectados con los demás. Dr. Acevedo.
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Cada Día Internacional de los Trabajadores nos recuerda la importancia del trabajo en nuestras vidas. Sin embargo, en las últimas décadas ha surgido una paradoja: mientras la tecnología prometía hacernos la vida más fácil, muchas personas sienten hoy más agotamiento, estrés y desconexión con su propio cuerpo que nunca. La medicina moderna está empezando a reconocer un fenómeno creciente: el desgaste fisiológico asociado al estrés laboral crónico. El trabajo no solo implica actividad física o mental; también activa sistemas biológicos profundos. Cuando una persona vive bajo presión constante —plazos, hiperconectividad digital, falta de descanso— el organismo mantiene activado el sistema nervioso simpático, el mismo que se activa ante una amenaza. Este estado prolongado aumenta la liberación de cortisol y adrenalina. A corto plazo permite rendir más, pero a largo plazo puede alterar el sistema inmunitario, favorecer la inflamación y aumentar el riesgo de trastornos cardiovasculares. Investigaciones publicadas en The Lancet y Occupational & Environmental Medicine han demostrado que jornadas laborales prolongadas se asocian con mayor riesgo de enfermedad cardíaca y trastornos metabólicos. Desde una perspectiva de medicina integrativa, el problema no es el trabajo en sí, sino la pérdida de equilibrio entre actividad y recuperación. El organismo humano está diseñado para alternar esfuerzo con descanso, concentración con relajación. Además, el sentido que atribuimos al trabajo también influye en la salud. Diversos estudios en psicología de la salud muestran que las personas que perciben su trabajo como significativo presentan niveles más bajos de estrés fisiológico y mayor bienestar general. Claves prácticas Introducir pausas breves cada 90 minutos de trabajo. Mantener movimiento físico regular durante el día. Establecer límites claros en el uso de tecnología fuera del horario laboral. Priorizar el descanso nocturno y la recuperación mental. Trabajar es una parte fundamental de la vida, pero la salud no debería ser el precio a pagar por ello. Cuando aprendemos a respetar los ritmos del cuerpo, el rendimiento y el bienestar pueden coexistir. Reflexión final El verdadero progreso no consiste en trabajar más horas, sino en vivir de una forma que permita al cuerpo seguir funcionando con equilibrio y vitalidad. Dr. Acevedo.
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El estrés forma parte natural de la vida. Sin embargo, el problema no es el estrés puntual, sino la activación crónica del sistema de alerta que caracteriza a la vida moderna. Cuando el cerebro percibe una amenaza, el organismo activa el sistema nervioso simpático y libera hormonas como adrenalina y cortisol. Este mecanismo es útil para responder a situaciones de peligro, pero cuando se mantiene durante semanas o meses puede afectar profundamente a la salud. Estudios publicados en The Lancet Psychiatry y Psychoneuroendocrinology han demostrado que el estrés crónico altera el sistema inmunitario, aumenta la inflamación sistémica y favorece trastornos metabólicos. Además, el exceso de cortisol puede afectar a la memoria, el estado de ánimo y la calidad del sueño. Desde la medicina integrativa, la regulación del sistema nervioso se considera un pilar fundamental de la salud. Claves prácticas Practicar respiración consciente o meditación. Realizar actividad física regular. Establecer límites en el uso de tecnología. Priorizar momentos de descanso real. El cuerpo humano está diseñado para alternar momentos de actividad y recuperación. Cuando ese equilibrio desaparece, el organismo empieza a enviar señales. Reflexión final Quizá la verdadera revolución en salud no sea hacer más cosas, sino aprender a detenernos a tiempo. Dr. Acevedo.
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El Día Mundial del Parkinson, celebrado cada 11 de abril, busca aumentar la conciencia sobre una enfermedad que afecta a millones de personas en todo el mundo. Tradicionalmente se ha considerado un trastorno exclusivamente neurológico, pero investigaciones recientes están ampliando la comprensión de sus mecanismos. El Parkinson se caracteriza por la degeneración de neuronas dopaminérgicas en el cerebro, lo que provoca síntomas motores como temblores, rigidez o lentitud de movimientos. Sin embargo, estudios recientes sugieren que el proceso puede comenzar años antes con alteraciones digestivas y cambios en la microbiota intestinal. Investigaciones publicadas en Gut y Neurology indican que la interacción entre intestino y cerebro podría desempeñar un papel relevante en el desarrollo de enfermedades neurodegenerativas. Esto ha abierto nuevas líneas de investigación en medicina integrativa, donde se exploran factores como la nutrición antiinflamatoria, el ejercicio físico y la regulación del estrés como elementos complementarios en el manejo de la enfermedad. Aunque estos enfoques no sustituyen los tratamientos neurológicos convencionales, pueden contribuir a mejorar la calidad de vida y el bienestar global de los pacientes. Claves prácticas Fomentar actividad física adaptada. Priorizar alimentación antiinflamatoria. Cuidar el sueño y la gestión del estrés. Mantener apoyo social y emocional. Comprender el Parkinson desde una perspectiva más amplia permite abrir nuevas vías de acompañamiento terapéutico. Reflexión final Cuando ampliamos la mirada sobre la enfermedad, también ampliamos las posibilidades de cuidado y de esperanza. Dr. Acevedo.
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El envejecimiento cerebral es un proceso natural, pero no necesariamente significa pérdida de capacidad cognitiva. La ciencia moderna está demostrando que muchos factores relacionados con el estilo de vida pueden influir en la velocidad a la que el cerebro envejece. Uno de los descubrimientos más importantes en neurología preventiva es el papel de la neuroinflamación. Investigaciones publicadas en Nature Neuroscience muestran que procesos inflamatorios sostenidos en el cerebro se asocian con deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas. Factores como el sedentarismo, la mala alimentación o el estrés prolongado pueden acelerar este proceso. En cambio, hábitos como la actividad física regular, el aprendizaje continuo y una nutrición adecuada parecen tener un efecto protector sobre las neuronas. La dieta mediterránea y los patrones alimentarios ricos en antioxidantes y ácidos grasos omega-3 han demostrado reducir el riesgo de deterioro cognitivo en diversos estudios longitudinales. Desde una perspectiva integrativa, proteger el cerebro implica cuidar todo el organismo: metabolismo, microbiota intestinal, calidad del sueño y bienestar emocional. Claves prácticas Mantener actividad física regular. Estimular el cerebro con aprendizaje continuo. Dormir bien para favorecer la regeneración neuronal. Cuidar la microbiota intestinal. El cerebro no es un órgano aislado. Está profundamente conectado con el resto del cuerpo y con la forma en que vivimos. Reflexión final Cada decisión diaria —desde lo que comemos hasta cómo gestionamos el estrés— puede convertirse en una inversión en la salud futura de nuestro cerebro. Dr. Acevedo.