Alimentación vs. análisis sanguíneo
Dr. Acevedo • 19 de febrero de 2022
Alimentación Vs. Análisis Sanguíneo
Pues bien, muchas son las personas que no saben exactamente como saber si realmente están llevando a cabo una buena alimentación. Normalmente uno de las herramientas utilizadas en consulta son las analíticas sanguíneas, con ellas obtenemos valores que nos pueden indicar si la persona está siguiendo una buena alimentación, que cubra todas sus necesidades o por el contrario está en déficit, lo cual habría que corregir para evitar problemas de salud más adelante. Cosa supremamente importante.
Además una analítica completa también se puede llegar a valorar como están funcionando la parte metabólica, así como los órganos emuntorios, es decir los que nos ayudan a eliminar lo que no necesitamos, los metabolitos, los desechos de la alimentación.
¿Cuáles son los análisis de sangre básicos que hay que realizar para valorar nuestro estado alimenticio / nutricional?
Ojo al siguiente dato: Muchos creen que se deben hacer análisis diferentes para quienes siguen una dieta 100% vegetal en lugar de omnívora, pero no es así: las pruebas son las mismas, porque los puntos de atención sobre los nutrientes críticos son los mismos.
Seguramente una persona que sigue una dieta vegetal correrá menos riesgo de tener niveles de colesterol y triglicéridos demasiado elevados, pero no es cierto que quien sigue una dieta omnívora deba preocuparse menos por el estado de B12, vitamina D, hierro y del calcio. Las atenciones a prestar son las mismas. Cuantas veces sabemos de personas omnívoras con problemas con estos nutrientes o déficit, además del elevado aumento en las grasas saturadas.
Una analítica sanguínea completa de rutina recomendada es:
- Hemograma completo, colesterol total, colesterol HDL, triglicéridos.
- Para valorar vitamina B12, además del hemograma: vit. B12, folato, homocisteína.
- Para para valorar el hierro: hierro, ferritina, transferrina.
- Para la vitamina D y el calcio: vitamina D, hormona paratiroidea, calcio y fósforo.
- Para valorar la tiroides: TSH.
Si no hay problemas particulares, estas pruebas se pueden repetir cada 2-3 años.
Si, por el contrario, los niveles están a la baja o al alta, ¿Cuándo se debe realizar una analítica sanguínea para comprobar los diferentes estados? Pues bien, de antemano os comento (recomiendo)
que realizarlos cada nada (cada 2-3 meses) es completamente inútil, es solo hacer generar más gastos, ya sea a la seguridad social o si vas por privado a tu cuanta bancaria. Además, cada nutriente tiene sus propias reglas y puntos de atención.
Veamos uno a uno cuales son estos:
La Vitamina B12
Si se está tomando la clásica "dosis de ataque" de 1000 mcg al día para solucionar una carencia, NO se deben rehacer las pruebas una vez finalizado el período de ataque, antes de iniciar la dosis de mantenimiento, porque el resultado carecería por completo de sentido. Los niveles de B12 necesitan más tiempo para estabilizarse.
Por lo tanto, es necesario tomar la dosis de ataque durante el número de meses indicado por un profesional experto en la materia (ojo que pocos lo son y muchos facultativos controlan poco del tema, lamentablemente), luego pasar a la dosis de mantenimiento, y solo después de realizar las analíticas correspondientes para hacer las diferentes valoraciones.
¿Después de que? Al menos 6 meses después del comienzo de la suplementación de ataque y, en cualquier caso, no antes de 2 meses después del final de la dosis de ataque. Esto significa que si el período de dosis de ataque es de 5 meses, debe esperar 7 meses, no 6, antes de volver a realizar la prueba.
Otros puntos a tener en cuenta:
• antes de realizar las analíticas es necesario evitar tomar el suplemento durante 3-4 días
• en esos 3-4 días hay que evitar tomar alimentos añadidos y multivitamínicos (que en todo caso hay que evitar siempre, porque no son necesarios: sólo se deben utilizar los suplementos específicos que se necesitan, sin los de goteo)
Fechas para las siguientes analíticas sanguíneas de control
Para las demás analíticas, se deben evitar los análisis demasiado cerrados: incluso si tenemos demasiada prisa por saber "cómo va", las analíticas realizadas demasiado pronto no dan ninguna información o pueden proporcionar puntos de preocupación injustificados.
La Vitamina D:
en la fase de integración del ataque (2000 UI por día), sigue la fase de mantenimiento (1000 UI por día); para rehacer los análisis es necesario esperar al menos 6 meses desde el inicio del ataque.
Hierro:
cuando se integra hierro, o se aplican medidas nutricionales y / o dietéticas para aumentar su asimilación, (que es como debería de hacerse) es necesario esperar al menos 3 meses antes de repetir los análisis. Sin embargo, existe la posibilidad de tomar un suplemento de hierro, que puede ocurrir solo en mujeres en etapa fértil o en aquellas que son donantes de sangre.
En estos casos, la dosis de inicio es de dos- tres veces al día de hierro, preferiblemente con componentes naturales, durante 2 meses. En mujeres en etapa fértil (menstruando), se recomienda entonces tomarlo una vez al día solo los días del ciclo, hasta las analíticas posteriores. En quienes realicen donaciones sanguíneas, se recomienda reducir la frecuencia.
Colesterol:
si los valores eran altos y se aplican cambios en la dieta para disminuirlos, esperar al menos 2 meses para ver mejoras.
Triglicéridos:
estos valores pueden variar fácilmente de un día a otro, por lo que deben evaluarse más a largo plazo que en un solo examen. Será importante no comer dulces, helados, nata, etc. (o alimentos que sepas vayan a modificar estos valores) el día anterior a la analítica.
Recuerda siempre que uno de los pilares de una buena salud es la alimentación y por ello, es necesario realizar chequeos de la misma con la herramientas que aporten buena calidad de información como lo son las analíticas sanguíneas.
Si tienes dudas de si estas llevando una buena alimentación , sea del tipo que sea (omnívora, vegetariana, vegana) por favor, ponte en contacto con nosotros y así podríamos ayudarte haciendo una valoración exhaustiva. No esperes a estar enfermo para tomar medidas. Hagamos medicina preventiva entre todos!

El vínculo entre emociones y cuerpo: cuando el síntoma tiene mensaje A mitad de febrero muchas personas empiezan a sentir una tensión interna: Deseo de cambio Cansancio de lo viejo Sensación de bloqueo El cuerpo no enferma al azar. Expresa lo que no se escucha. Claves integrativas: El estrés emocional sostenido somatiza El síntoma no es el enemigo, es un mensajero Tratar solo el cuerpo deja procesos incompletos Mirada terapéutica: Acompañar emociones sin juicio Detectar patrones repetidos Integrar cuerpo, mente y biografía 🌱 Sanar no es eliminar síntomas, es comprenderlos.

Inflamación silenciosa: el terreno común de muchos síntomas de invierno Febrero es un mes donde emergen síntomas que llevaban tiempo gestándose: Dolores articulares Niebla mental Trastornos digestivos Cambios de humor Todos tienen un denominador común: inflamación crónica de bajo grado. Desde la medicina integrativa: La inflamación no es una enfermedad, es una señal de desequilibrio mantenido. Factores clave: Estrés sostenido Alimentación proinflamatoria Disbiosis intestinal Falta de descanso reparador Abordaje mente-cuerpo: Nutrición antiinflamatoria personalizada Regulación del sistema nervioso Escucha activa del cuerpo 🔥 Apagar la inflamación es recuperar claridad y energía.

Salud emocional en pleno invierno: cuando el cuerpo habla a través del ánimo Finales de enero es uno de los periodos donde más personas refieren: Desánimo Falta de motivación Cansancio mental sin causa aparente No es debilidad: es biología estacional. La menor luz solar afecta: Ritmos circadianos Producción de serotonina y melatonina Regulación del eje intestino-cerebro Enfoque integrativo: La salud emocional no se trata solo desde la mente El intestino, la inflamación silenciosa y el descanso son claves Qué puedes hacer: Exposición a luz natural diaria Movimiento suave pero constante Cuidar el intestino como órgano emocional 🧠 La emoción no se “piensa”, se regula desde el cuerpo.

Invierno profundo: cómo cuidar la energía vital cuando el cuerpo pide silencio El mes de enero representa el invierno en su expresión más yin: frío, recogimiento y conservación de energía. Sin embargo, nuestra cultura sigue empujándonos a producir como si fuera primavera. Desde la medicina integrativa sabemos que forzar el cuerpo en esta etapa aumenta inflamación, fatiga y alteraciones emocionales. Claves mente-cuerpo para esta fase: Sistema nervioso: más sensible al estrés y a la falta de descanso. Inmunidad: necesita calor, sueño profundo y nutrición real. Emoción predominante: introspección; si se bloquea, aparece ansiedad. Recomendaciones integrativas: Ritmos más lentos y horarios regulares de sueño. Alimentación caliente, antiinflamatoria y fácil de digerir. Prácticas de respiración, meditación o paseos conscientes. 🌿 Escuchar el invierno es una forma profunda de autocuidado.

Durante años, la ciencia ha explorado la conexión entre el intestino y el cerebro, pero solo recientemente comprendemos la magnitud de su influencia. La llamada “neuroinflamación silenciosa” está detrás de muchos trastornos que antes se atribuían únicamente a causas psicológicas o degenerativas. Desde la depresión hasta el Alzheimer, el intestino puede ser el punto de partida de una tormenta inflamatoria que afecta directamente a nuestro cerebro. La microbiota intestinal actúa como un órgano inmunológico activo. Cuando se altera —por estrés, mala alimentación, tóxicos o infecciones— se rompe la barrera intestinal, permitiendo el paso de endotoxinas bacterianas (como el lipopolisacárido o LPS) al torrente sanguíneo. Este fenómeno activa el sistema inmune, generando una inflamación de bajo grado que puede alcanzar el sistema nervioso central. Estudios recientes (Foster et al., Nature Reviews Neuroscience, 2023) han demostrado que niveles elevados de LPS en sangre se correlacionan con mayor activación microglial en el cerebro, un proceso clave en la neurodegeneración. Al mismo tiempo, se ha observado que dietas ricas en grasas trans, azúcares refinados o deficientes en polifenoles alteran la diversidad microbiana y promueven esta inflamación. La buena noticia es que este proceso es reversible. Intervenciones basadas en dieta cetogénica vegetal, ayuno intermitente, probióticos específicos (como Lactobacillus plantarum o Bifidobacterium longum) y ejercicio moderado han mostrado reducir marcadores inflamatorios tanto en sangre como en líquido cefalorraquídeo (Zhang et al., Cell Metabolism, 2024). La neuroinflamación silenciosa no da síntomas inmediatos, pero puede manifestarse como fatiga mental, falta de concentración, cambios de humor o un sueño no reparador. Reconocer su origen intestinal es clave para tratar el problema desde su raíz y no solo los síntomas. La salud cerebral empieza en el intestino, y nuestras decisiones diarias —desde lo que comemos hasta cómo gestionamos el estrés— son el tratamiento más poderoso. Claves prácticas Prioriza una dieta rica en fibra prebiótica y polifenoles (arándanos, cúrcuma, romero, té verde). Evita el consumo frecuente de alcohol, azúcares refinados y ultraprocesados. Introduce ayuno intermitente 1-2 veces por semana y cuida tu descanso nocturno. Utiliza probióticos con evidencia en neuroprotección. Practica técnicas de respiración y meditación para modular el eje intestino-cerebro. Tu mente no vive aislada dentro del cráneo. Cada pensamiento, cada emoción y cada claridad mental son el reflejo de un ecosistema invisible que habita en tu intestino. Cuidarlo no solo mejora tu digestión: transforma tu manera de pensar, sentir y vivir.

Cada nuevo año llega con una mezcla de ilusión, cansancio y propósito. Tras semanas de celebraciones, comidas copiosas y alteraciones en el descanso, nuestro organismo —especialmente el hígado y el sistema digestivo— necesita restablecer su equilibrio. Desde la medicina integrativa, enero se convierte en una oportunidad para iniciar un auténtico reinicio metabólico: un proceso consciente que favorece la desintoxicación celular, la recuperación energética y la claridad mental. No se trata de “castigar” los excesos, sino de reconectar con la biología natural del cuerpo. El hígado es el gran protagonista del inicio de año. Este órgano, responsable de más de 500 funciones vitales, actúa como filtro, productor de bilis y regulador hormonal y metabólico. Cuando las reservas de glucógeno se saturan o se acumulan grasas y toxinas, el metabolismo se enlentece, aparecen la fatiga, el insomnio y la sensación de pesadez mental. Estudios recientes en Hepatology (2024) y Nutrients (2023) confirman que un programa breve de limpieza hepática basado en nutrición vegetal, ayuno intermitente y fitoterapia puede mejorar los marcadores de inflamación y la sensibilidad a la insulina en solo dos semanas. Desde la medicina integrativa, el reinicio metabólico combina tres ejes: depuración, regeneración y activación. Depuración: priorizar alimentos naturales y antiinflamatorios (hojas verdes, crucíferas, alcachofa, cúrcuma y limón) y eliminar azúcares, alcohol y ultraprocesados. El agua tibia con jengibre o infusiones de diente de león apoyan la función biliar. Regeneración celular: la autofagia, estimulada por ayuno intermitente o restricción calórica controlada, permite eliminar células dañadas y renovar tejidos. Investigaciones de la Universidad de Kyoto (2022) evidencian su efecto protector frente al estrés oxidativo y el envejecimiento celular. Activación: el movimiento físico activa la mitocondria, optimiza la oxidación de grasas y mejora el estado de ánimo mediante la liberación de endorfinas y serotonina. Caminar al aire libre o realizar ejercicio consciente como el yoga o el tai chi potencia la oxigenación y el drenaje linfático. La medicina integrativa no se limita a limpiar el cuerpo, sino a restablecer la coherencia entre mente, emoción y biología. Las técnicas de respiración, la meditación y el descanso profundo permiten que los sistemas neuroendocrino e inmunitario se reajusten. Dormir bien es tan depurativo como cualquier jugo verde. El reinicio metabólico no es una moda, sino una forma de honrar la inteligencia autorreguladora del cuerpo. En lugar de imponer restricciones, se trata de cultivar una relación consciente con la alimentación, el descanso y la energía vital. Cuando el hígado se libera y las células recuperan su ritmo, también lo hace la mente. Claves prácticas: Comienza el día con agua tibia, limón y un minuto de respiración profunda. Reduce comidas procesadas y azúcares durante 10-14 días. Practica ayuno intermitente 14:10 tres veces por semana. Incorpora cúrcuma, cardo mariano y té verde. Duerme antes de medianoche y camina 30 minutos diarios. Cada enero puede ser un ritual de renovación. No para corregir lo que hicimos, sino para despertar una versión más consciente, vital y alineada con nuestra salud integral.

Durante años, la medicina consideró al intestino como un simple órgano digestivo. Hoy sabemos que es mucho más: un ecosistema vivo que dialoga constantemente con nuestro cerebro. Este vínculo, conocido como el eje intestino-cerebro, está mediado por billones de microorganismos que conforman la microbiota intestinal. Su equilibrio determina no solo la calidad de nuestra digestión, sino también nuestro estado emocional, la claridad mental y la respuesta al estrés. La ciencia moderna ha confirmado que cuidar la microbiota es cuidar, literalmente, nuestra mente. La comunicación entre intestino y cerebro ocurre a través del nervio vago, mensajeros inmunológicos y metabolitos producidos por bacterias intestinales, como los ácidos grasos de cadena corta (AGCC). Estos compuestos regulan la inflamación, modulan la serotonina y afectan la producción de neurotransmisores claves. Estudios recientes del Journal of Psychiatric Research (2024) han demostrado que personas con depresión presentan menor diversidad bacteriana y un desequilibrio en especies como Lactobacillus y Bifidobacterium. Del mismo modo, investigaciones de la Universidad de Cork (2023) muestran que los psicobióticos, cepas probióticas específicas, pueden reducir los síntomas de ansiedad y mejorar el sueño en tan solo ocho semanas. Desde la perspectiva de la medicina integrativa, el eje intestino-cerebro se ve afectado por tres pilares: alimentación, estrés y calidad del descanso. Dietas ricas en ultraprocesados, alcohol o antibióticos frecuentes destruyen la flora intestinal, mientras que una alimentación basada en vegetales, fibra prebiótica, grasas saludables y alimentos fermentados la restaura. Por otro lado, el estrés crónico libera cortisol, que altera la permeabilidad intestinal y facilita el paso de endotoxinas al torrente sanguíneo, fenómeno conocido como leaky gut o “intestino permeable”. Este proceso puede generar inflamación sistémica y afectar la función neuronal. Las terapias integrativas incluyen además el uso de adaptógenos (como la ashwagandha o la rodiola), técnicas de respiración, meditación y probióticos personalizados, todos con evidencia creciente en la modulación del eje intestino-cerebro. Según la World Journal of Gastroenterology (2024), una combinación de alimentación antiinflamatoria y probióticos específicos puede reducir hasta un 40% los niveles de ansiedad en pacientes con colon irritable. Cuidar la microbiota no es solo una cuestión digestiva; es una forma de preservar la salud mental y emocional desde dentro. La felicidad, la calma y la claridad mental tienen raíces biológicas que florecen en un intestino equilibrado. La mente y el intestino son dos caras de una misma realidad fisiológica y energética: la conexión profunda entre lo que sentimos y lo que absorbemos. Claves prácticas Prioriza alimentos naturales, ricos en fibra y polifenoles. Incluye fermentados como kéfir, chucrut o kombucha. Reduce el consumo de azúcar y alcohol. Practica técnicas de relajación diaria (respiración, meditación o yoga). Considera el uso de probióticos clínicamente validados según tus necesidades. El intestino es nuestro segundo cerebro y, a menudo, el primero que enferma cuando no escuchamos lo que sentimos. La serenidad emocional comienza con un cuerpo en equilibrio. Alimenta tu microbiota y, con ella, tu mente florecerá.

Después de la intensidad de las fiestas, llega un momento de pausa natural: el cierre de ciclo. El 26 de diciembre es ideal para detenerse, mirar atrás con gratitud y preparar el cuerpo y la mente para un nuevo comienzo. La biología humana necesita estos espacios de transición. Según el Journal of Psychosomatic Research (2024), los periodos de reflexión consciente reducen los marcadores de estrés oxidativo y mejoran la resiliencia emocional. La medicina integrativa sugiere rituales sencillos de regeneración física y mental: descanso profundo, alimentación depurativa, silencio digital y práctica de gratitud. A nivel fisiológico, disminuir el estímulo constante permite que el sistema nervioso parasimpático restaure su equilibrio. Una breve desintoxicación de alcohol, azúcar y pantallas durante tres días puede reducir la inflamación sistémica en más de un 20%. Además, escribir objetivos desde la calma activa redes neuronales asociadas a la motivación y la coherencia (Universidad de Stanford, 2023). Cuidar la transición entre años es una forma de honrar los ritmos naturales del cuerpo y de la vida. Regenerarse es tan importante como avanzar: sin pausa, no hay energía sostenida. Claves prácticas Duerme más y desconéctate del ruido externo. Elige alimentos frescos, verdes y ligeros. Dedica tiempo a escribir tus intenciones del nuevo ciclo. Practica la respiración profunda o la meditación al despertar. Todo cierre contiene una semilla de renovación. Si el año que termina fue aprendizaje, el nuevo será expansión. Empieza el 2026 con gratitud, coherencia y un cuerpo listo para florecer.

La salud es un derecho humano fundamental. Sin embargo, millones de personas aún carecen de acceso a una atención médica de calidad. Este día nos invita a reflexionar sobre la importancia de un sistema de salud accesible, preventivo y verdaderamente integrativo, donde cuerpo, mente y entorno se aborden de manera conjunta. Según la OMS (2024), cerca del 30% de la población mundial no tiene cobertura sanitaria adecuada. Pero más allá de los recursos, el reto es cómo concebimos la salud. La medicina integrativa propone un cambio de paradigma: pasar del tratamiento de la enfermedad a la promoción del bienestar y la prevención activa. Estudios del BMJ Global Health (2023) demuestran que los programas de salud basados en la educación nutricional, actividad física, mindfulness y medicina natural reducen la carga de enfermedades crónicas hasta un 40%. La cobertura sanitaria universal debe incluir no solo acceso a hospitales, sino también a herramientas de autocuidado, alimentación saludable, gestión del estrés y medicina basada en evidencia científica y ancestral. En países donde se han integrado terapias complementarias —como acupuntura, meditación o fitoterapia clínica— dentro del sistema público (por ejemplo, en Suiza y Japón), se han observado mejoras en la calidad de vida y una reducción significativa del gasto sanitario. Garantizar una salud accesible e integrativa no es una utopía, sino una necesidad global. La verdadera universalidad comienza cuando cada ser humano tiene los recursos y la educación necesarios para cuidarse y comprender su propio cuerpo. Claves prácticas Promueve la educación en salud en tu entorno. Apoya iniciativas que fomenten la medicina preventiva. Cuida tu salud como un acto de responsabilidad social. Participa en proyectos de bienestar comunitario. La salud universal empieza en casa, con cada decisión diaria que tomamos. Cuando un individuo sana, contribuye a la salud de toda la humanidad.
