10 Claves para una Alimentación Acertada
Dr. Acevedo • 5 de noviembre de 2021

1. Desayuno
Es una de las más importantes comidas del día, ya que con ella disminuimos el cortisol que nos activa al despertarnos y si dejáramos en nuestro organismo esta hormona, estaríamos sometiendo a estrés oxidativo nuestro sistema orgánico y en consecuencia predisponiéndolo para la enfermedad.
2. Cinco comidas al día
Sí, es cierto. El ser humano necesita la ingesta de tres comidas principales (desayuno, comida y cena) y dos comidas secundarias (media mañana y media tarde) para el buen y correcto funcionamiento de nuestro organismo.
3. Ingesta de frutas y verduras
Para realizar todos los procesos metabólicos que son necesarios para mantenernos en vida, saludables y con bienestar, el cuerpo necesita coenzimas y estas son las mismas vitaminas y minerales que consumimos al ingerir frutas y verduras. Además de aportarnos unos de los complementos para una buena digestión: La fibra, entre otros más nutrientes.
4. Integrales vs. Refinados
Los alimentos integrales contienen todos sus componentes estructurales en sus envoltorios por así decirlo (carachita, cáscara, salvado, etc.), contienen todos los químicos necesarios para que en sinergia sean bien procesados por nuestro aparato digestivo y así no entremos en déficit de nutrientes o que aumentemos en consecuencia su demanda. ¿Por qué no comer un cereal integral que contiene todos sus nutrientes a comer el mismo que solo nos aporta unos pocos?
5. Balanza: proteínas, mejor de origen vegetal
El consumo moderado al día de este maravilloso nutriente nos aporta el mantenernos en perfectas condiciones de salud. Recuerda que son las plantas, las únicas capaces de metabolizar los elementos nitrogenados y con ellos convertirlos en sus unidades primordiales, los aminoácidos para formar las muy apetecibles proteínas. Si el consumo se hace de fuentes vegetales estaremos eliminando el alto contenido de sus homologas, el colesterol (altamente beneficioso para disminuir la incidencia de patología cardiovascular) Recomendable el consumo muy moderado de proteínas al día. Esta es la clave de los pueblos más longevos del planeta.
6. Alimentos a disminuir su consumo
Continuamente nos asaltan con noticias sobre si un alimento produce una patología o si es muy malo para nuestro cuerpo. Hace unos años la OMS acuñaba que el consumo excesivo de carnes procesadas es equiparable al de ser fumador a la hora de estar más predispuestos al cáncer. Lo cierto es que sí, existen alimentos que deberíamos de evitar considerablemente su consumo o ya puestos eliminarlos: ejemplo de ellos son los lácteos (que son capaces de producir trastornos alérgicos y alta mucosidad), las carnes animales y procesadas (que aumentan la acidez orgánica predisponiéndonos a un terreno patológico), lo azúcares refinados (el consumo excesivo de azucares en nuestra dieta diaria predispone a diversas patologías, tanto físicas como mentales), productos alimenticos demasiado procesados o preparados llenos de conservantes, colorantes y demás químicos.
7. Agua : cantidad diaria
La cantidad diaria recomendada para ingerir son dos litros de agua, eso sí respetando las condiciones personales. Aparte de los alimentos que consumamos. Así tendremos los suficientes líquidos para fluidificar, hidratar, humectar, flexibilizar entre otras más ventajas. Recomendable utilizar el agua con la calidad más específica para nuestro organismo: mineral, de mineralización débil, etc. Respetando siempre nuestras necesidades fisiológicas y teniendo en cuenta nuestras propias patologías si existiesen.
8. Alimentación vs. Actividad física
Con la actividad física aumentamos el consumo de oxígeno y el recambio de dióxido de carbono, así es una buena manera de mantenernos oxigenados, ya que, esta molécula la necesita nuestro cuerpo para su correcto funcionamiento aportando energía a muchos procesos metabólicos. Por ende es necesario la actividad física no solo para mantenernos en forma si no para oxigenarnos, así como para mantener en equilibrio la oferta y la demanda orgánica de los diferentes nutrientes que ingerimos (Ej., Grasas, azúcares, etc.)
9. Tú alimento = tú medicamento
Si sabemos y conocemos los alimentos y sus nutrientes podríamos utilizarlos a favor de satisfacer la necesidad en cada momento de nuestra vida. Es decir, si nos encontramos convalecientes de X patología podríamos aumentar la ingesta de ese nutriente que está siendo demandado y quizás, más utilizado (gastado) por nuestro cuerpo para reestablecer de nuevo el equilibrio. Por ejemplo en un catarro es importante la ingesta de nutrientes como la vitamina C y A contenida en ciertas frutas y verduras, además de otros nutrientes como el zinc, el cobre u otros oligoelementos necesarios para reforzar nuestro sistema inmunitario. Importante consumir alimentos con buena cantidad de nutrientes para prevenir la enfermedad y no esperar a estar en el malestar para actuar.
10. Suplementos alimenticios
Hoy día quizás sea necesario la toma de suplementos alimenticios para ayudarnos en ciertos momentos o simplemente para mantenernos en forma y equilibrarnos para prevenir y gozar de un buen estado de salud y bienestar. Además muchas veces con un alimento no llegamos a consumir la cantidad necesaria para cubrir la demanda frente a un síntoma, molestia o patología. O quizás nuestra alimentación sea deficiente por no saber alimentarnos adecuadamente. Importante no abusar de los suplementos alimenticios porque como bien es sabido todos los excesos son dañinos y más, si hablamos de lo que introducimos en nuestros estómagos. Recomendable pedir consejo a los facultativos o profesionales de la salud.
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Después de la intensidad de las fiestas, llega un momento de pausa natural: el cierre de ciclo. El 26 de diciembre es ideal para detenerse, mirar atrás con gratitud y preparar el cuerpo y la mente para un nuevo comienzo. La biología humana necesita estos espacios de transición. Según el Journal of Psychosomatic Research (2024), los periodos de reflexión consciente reducen los marcadores de estrés oxidativo y mejoran la resiliencia emocional. La medicina integrativa sugiere rituales sencillos de regeneración física y mental: descanso profundo, alimentación depurativa, silencio digital y práctica de gratitud. A nivel fisiológico, disminuir el estímulo constante permite que el sistema nervioso parasimpático restaure su equilibrio. Una breve desintoxicación de alcohol, azúcar y pantallas durante tres días puede reducir la inflamación sistémica en más de un 20%. Además, escribir objetivos desde la calma activa redes neuronales asociadas a la motivación y la coherencia (Universidad de Stanford, 2023). Cuidar la transición entre años es una forma de honrar los ritmos naturales del cuerpo y de la vida. Regenerarse es tan importante como avanzar: sin pausa, no hay energía sostenida. Claves prácticas Duerme más y desconéctate del ruido externo. Elige alimentos frescos, verdes y ligeros. Dedica tiempo a escribir tus intenciones del nuevo ciclo. Practica la respiración profunda o la meditación al despertar. Todo cierre contiene una semilla de renovación. Si el año que termina fue aprendizaje, el nuevo será expansión. Empieza el 2026 con gratitud, coherencia y un cuerpo listo para florecer.

La salud es un derecho humano fundamental. Sin embargo, millones de personas aún carecen de acceso a una atención médica de calidad. Este día nos invita a reflexionar sobre la importancia de un sistema de salud accesible, preventivo y verdaderamente integrativo, donde cuerpo, mente y entorno se aborden de manera conjunta. Según la OMS (2024), cerca del 30% de la población mundial no tiene cobertura sanitaria adecuada. Pero más allá de los recursos, el reto es cómo concebimos la salud. La medicina integrativa propone un cambio de paradigma: pasar del tratamiento de la enfermedad a la promoción del bienestar y la prevención activa. Estudios del BMJ Global Health (2023) demuestran que los programas de salud basados en la educación nutricional, actividad física, mindfulness y medicina natural reducen la carga de enfermedades crónicas hasta un 40%. La cobertura sanitaria universal debe incluir no solo acceso a hospitales, sino también a herramientas de autocuidado, alimentación saludable, gestión del estrés y medicina basada en evidencia científica y ancestral. En países donde se han integrado terapias complementarias —como acupuntura, meditación o fitoterapia clínica— dentro del sistema público (por ejemplo, en Suiza y Japón), se han observado mejoras en la calidad de vida y una reducción significativa del gasto sanitario. Garantizar una salud accesible e integrativa no es una utopía, sino una necesidad global. La verdadera universalidad comienza cuando cada ser humano tiene los recursos y la educación necesarios para cuidarse y comprender su propio cuerpo. Claves prácticas Promueve la educación en salud en tu entorno. Apoya iniciativas que fomenten la medicina preventiva. Cuida tu salud como un acto de responsabilidad social. Participa en proyectos de bienestar comunitario. La salud universal empieza en casa, con cada decisión diaria que tomamos. Cuando un individuo sana, contribuye a la salud de toda la humanidad.

El altruismo es una fuerza silenciosa que transforma tanto a quien da como a quien recibe. En este Día Internacional de los Voluntarios, la ciencia confirma algo que las tradiciones sabias ya intuían: ayudar a otros mejora nuestra salud física, mental y espiritual. La medicina integrativa lo entiende como un pilar de bienestar: el compromiso con los demás no solo genera sentido vital, sino que actúa como un modulador fisiológico de la salud. Diversas investigaciones muestran que las personas con hábitos altruistas presentan niveles más bajos de cortisol, menor inflamación sistémica y una mayor longevidad. Un estudio longitudinal de la Universidad de Harvard (2023) evidenció que quienes participan regularmente en actividades de voluntariado presentan un riesgo un 44% menor de depresión y una mejora en la función inmunológica. A nivel biológico, el altruismo activa los circuitos dopaminérgicos del placer y la conexión social, elevando endorfinas y oxitocina, las mismas hormonas que fortalecen el sistema inmunitario. Desde la medicina integrativa, el voluntariado se considera una forma de coherencia emocional y energética. Conectar con otros desde el servicio desinteresado fortalece la salud cardiovascular, reduce el estrés y promueve estados de meditación activa. Incluso estudios de neuroimagen (Nature Human Behaviour, 2024) demuestran que los actos compasivos activan la corteza prefrontal medial, asociada con el equilibrio emocional y la regulación del sistema nervioso autónomo. El altruismo no es solo un valor social, sino una práctica terapéutica. En un mundo cada vez más individualista, dar tiempo, atención o cuidado a los demás se convierte en un acto profundamente sanador. Claves prácticas Dedica al menos una hora semanal a una actividad solidaria. Practica la escucha activa y la empatía cotidiana. Realiza respiraciones conscientes antes y después de cada encuentro con otros. Integra la gratitud como hábito diario. Servir con el corazón es una medicina que no tiene contraindicaciones. Cada gesto altruista reequilibra el cuerpo, calma la mente y recuerda que sanar también es compartir.

Diciembre marca una transición profunda: los días se acortan, la luz solar disminuye y la energía colectiva se acelera hacia el cierre del año. En esta etapa, muchas personas experimentan cambios en el estado de ánimo, alteraciones del sueño o una sensación de agotamiento emocional. La medicina actual reconoce este fenómeno como parte del trastorno afectivo estacional (TAE), vinculado a la reducción de la exposición solar y a fluctuaciones en neurotransmisores como la serotonina y la melatonina. Sin embargo, la medicina integrativa nos invita a ver este momento no solo como un desafío, sino también como una oportunidad para reconectar con el equilibrio interno antes de la intensidad navideña. Diversos estudios han demostrado que la falta de luz natural afecta la regulación del reloj biológico y la producción de serotonina. Un metaanálisis publicado en The Lancet Psychiatry (2024) confirmó que las personas expuestas a menos de una hora de luz natural diaria presentaban un 35% más de riesgo de síntomas depresivos durante el invierno. La melatonina, hormona clave en el ciclo sueño-vigilia, también se ve alterada, generando insomnio, fatiga y ansiedad. En este contexto, el bienestar emocional depende de una sincronización adecuada entre cuerpo, mente y entorno. La medicina integrativa propone estrategias simples pero potentes: Luminoterapia, que simula la luz solar y mejora los niveles de serotonina y dopamina. Ejercicio regular, especialmente por la mañana, que favorece la oxigenación cerebral y la liberación de endorfinas. Alimentación rica en triptófano, magnesio y ácidos grasos omega-3, nutrientes esenciales para la síntesis de neurotransmisores. A nivel psicológico, diciembre también trae una carga emocional importante. La nostalgia, el balance del año o las expectativas sociales pueden despertar estrés o soledad. Un estudio de la American Psychological Association (2023) encontró que el 44% de las personas siente mayor ansiedad en la época previa a la Navidad, aunque muchas lo disimulan bajo la “alegría festiva”. Por ello, es esencial incorporar espacios de quietud, conexión emocional y autocuidado consciente, elementos que restablecen el equilibrio neuroendocrino y fortalecen la resiliencia. El bienestar emocional no se trata de evitar las emociones, sino de acompañarlas con presencia y comprensión. El cambio estacional es también un recordatorio de la naturaleza cíclica de la vida: descansar, soltar y prepararse para un nuevo comienzo. La serenidad interior surge cuando aceptamos el ritmo del invierno y nos permitimos bajar el propio. Claves prácticas Busca exposición solar diaria o utiliza luz natural artificial (lámparas de espectro completo). Realiza caminatas matinales o ejercicio suave. Reduce estimulantes (café, alcohol) y prioriza alimentos ricos en omega-3 y triptófano (semillas, nueces, legumbres). Practica gratitud consciente y respira profundamente unos minutos al día. Dedica tiempo al descanso y evita la sobrecarga social. El invierno nos invita a mirar hacia dentro. Cuando todo parece ir más despacio, la calma se convierte en una medicina. Cuidar la mente en esta época no es un lujo, es un acto de amor propio: la forma más sencilla de prepararnos para vivir unas fiestas desde el equilibrio, no desde el agotamiento.

A menudo asociamos el envejecimiento con el paso del tiempo, pero la ciencia moderna revela algo más profundo: envejecer es, en gran parte, una cuestión energética. Y la energía celular depende de las mitocondrias, pequeños orgánulos que funcionan como centrales eléctricas dentro de cada célula. Cuando las mitocondrias pierden eficiencia, no solo disminuye nuestra vitalidad; también se acelera la aparición de enfermedades degenerativas, fatiga crónica, pérdida muscular y deterioro cognitivo. Comprender cómo mantenerlas activas es una de las claves más poderosas de la medicina integrativa moderna. Cada célula humana contiene cientos o miles de mitocondrias, cuya función principal es producir ATP (adenosín trifosfato), el combustible de la vida. Pero este proceso no es neutro: genera radicales libres que, si no se neutralizan adecuadamente, dañan el ADN mitocondrial. La evidencia reciente, como el metaanálisis de Nature Aging (2024), confirma que el deterioro mitocondrial está directamente relacionado con la inflamación crónica, la resistencia a la insulina y el declive cognitivo. De hecho, investigadores del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento han demostrado que restaurar la biogénesis mitocondrial puede revertir varios marcadores del envejecimiento biológico en modelos animales. En medicina integrativa, se abordan las mitocondrias desde un enfoque holístico: nutrición, oxigenación, gestión del estrés y ritmo circadiano. Nutrientes como el magnesio, el coenzima Q10, la L-carnitina, el ácido alfa-lipoico y el resveratrol estimulan la función mitocondrial. Además, el ayuno intermitente, la exposición a temperaturas extremas (sauna o duchas frías) y el ejercicio de resistencia inducen la mitofagia, un proceso que elimina las mitocondrias dañadas para dar paso a nuevas y más eficientes. También se sabe que el exceso de estrés emocional eleva el cortisol y afecta directamente la función mitocondrial. Estudios de la Universidad de Stanford (2023) mostraron que la meditación diaria y las prácticas de respiración consciente reducen el daño oxidativo y mejoran la expresión de genes asociados con la longevidad celular. El envejecimiento saludable no depende solo de los genes, sino de cómo tratamos a nuestras mitocondrias. Cada decisión diaria —desde lo que comemos hasta cómo dormimos o respiramos— puede activar o apagar los mecanismos que preservan nuestra energía vital. Cuidar las mitocondrias no es un concepto futurista; es una estrategia profundamente humana para vivir más tiempo y con mejor calidad. Claves prácticas Prioriza una alimentación rica en grasas saludables (aguacate, aceite de oliva, frutos secos) y baja en azúcares. Practica ayuno intermitente 1 o 2 veces por semana para estimular la mitofagia. Realiza ejercicio físico regular, alternando fuerza y cardio moderado. Duerme de 7 a 8 horas con un horario constante. Evita el estrés prolongado mediante meditación, respiración o mindfulness. Cada respiración alimenta nuestras mitocondrias. En el silencio de esas pequeñas fábricas de vida se decide cómo envejecemos. El verdadero antídoto contra el paso del tiempo no está en los años que vivimos, sino en la energía que somos capaces de mantener encendida dentro de nosotros.

La inflamación es una respuesta natural del cuerpo destinada a protegernos. Pero cuando se mantiene activa de manera silenciosa y persistente, se convierte en una de las principales causas de enfermedades crónicas. A este fenómeno se le conoce como inflamación de bajo grado o inflamación crónica sistémica, y está implicada en patologías tan diversas como la diabetes, la obesidad, la depresión o incluso el cáncer. Lo más preocupante es que puede avanzar sin síntomas evidentes durante años, afectando poco a poco a nuestros órganos y tejidos. La medicina actual reconoce que esta inflamación sutil surge por una combinación de estrés oxidativo, disbiosis intestinal, exceso de glucosa, sedentarismo y exposición constante a contaminantes ambientales. Cuando estos factores persisten, el sistema inmunitario libera pequeñas cantidades de citoquinas inflamatorias (como IL-6, TNF-α o CRP) que, a largo plazo, dañan las células y aceleran el envejecimiento. Un estudio longitudinal de la Universidad de Harvard (2023) mostró que personas con niveles moderadamente elevados de proteína C reactiva presentaban un riesgo un 68% mayor de desarrollar enfermedades cardiovasculares en la siguiente década. Otros estudios (López-García et al., Nature Medicine, 2024) confirman que la inflamación de bajo grado reduce la sensibilidad a la insulina y altera la función mitocondrial, generando un círculo vicioso entre metabolismo, energía y estado emocional. La buena noticia es que este proceso puede revertirse al modificar los hábitos que lo originan. Las investigaciones más recientes apuntan a que una alimentación antiinflamatoria basada en plantas, omega-3, ayuno intermitente, ejercicio aeróbico y meditación regular disminuye marcadores inflamatorios en cuestión de semanas. Incluso se ha observado que el sueño profundo regula la producción de interleucinas proinflamatorias y mejora la reparación celular. Combatir la inflamación crónica no significa eliminarla, sino devolverla a su equilibrio fisiológico. No se trata de tomar antiinflamatorios, sino de crear un entorno interno que promueva la reparación y la armonía celular. Esto implica tanto nutrición consciente como gestión emocional y descanso adecuado. Nuestro cuerpo está diseñado para sanar; solo necesita que dejemos de obstaculizar sus mecanismos naturales de regeneración. Claves prácticas Elimina de tu dieta los azúcares refinados, grasas trans y harinas ultraprocesadas. Prioriza alimentos ricos en antioxidantes: frutos rojos, té verde, cúrcuma, jengibre y aceite de oliva virgen extra. Integra ayunos cortos o periodos de restricción calórica controlada. Practica actividad física moderada al menos 30 minutos diarios. Dedica tiempo al descanso, la respiración consciente y la gratitud diaria. La inflamación crónica es como un fuego lento que consume sin hacer ruido. La verdadera medicina consiste en apagar ese fuego desde la raíz, no solo con fármacos, sino con decisiones cotidianas que devuelvan coherencia a la vida. Cuidar lo que comes, piensas y sientes es el acto más poderoso de prevención que existe.

Tu segundo cerebro: cómo cuidar la microbiota fortalece tus defensas El otoño marca el inicio de una etapa en la que nuestro sistema inmunitario se enfrenta a mayores desafíos. Resfriados, gripe y cansancio son señales de que el cuerpo necesita apoyo. La ciencia moderna confirma lo que la medicina integrativa lleva tiempo observando: la clave de una inmunidad fuerte está en el intestino. En él habitan más de 100 billones de microorganismos que forman la microbiota intestinal, considerada hoy nuestro “segundo cerebro”. Su equilibrio determina no solo nuestra salud digestiva, sino también nuestro estado de ánimo, energía y capacidad de defensa. El 70 % de las células inmunitarias residen en el intestino. Este órgano, lejos de ser un simple tubo digestivo, actúa como un centro de inteligencia biológica que comunica constantemente con el cerebro a través del eje intestino-cerebro-inmunidad. Estudios publicados en Nature Immunology (2024) demuestran que una microbiota diversa y estable modula la respuesta inmune, reduciendo la inflamación sistémica y mejorando la tolerancia frente a infecciones y alergias. Los desequilibrios intestinales (disbiosis), causados por dietas ultraprocesadas, estrés crónico o antibióticos, alteran esta armonía y predisponen a enfermedades autoinmunes, metabólicas y emocionales. La medicina integrativa aborda este eje de forma global: alimentación, fitoterapia, probióticos y gestión del estrés son pilares complementarios para restaurar el equilibrio. Alimentos fermentados como el kéfir, el chucrut o el miso aportan microorganismos beneficiosos que refuerzan la diversidad bacteriana. Los prebióticos —fibras naturales de alimentos como la cebolla, el ajo o el plátano verde— sirven de alimento a las bacterias buenas. La nutrición antiinflamatoria, rica en omega-3, polifenoles y antioxidantes, favorece la regeneración de la mucosa intestinal y la producción de metabolitos protectores, como el butirato, esencial para una inmunidad equilibrada. Asimismo, el estado emocional influye en el intestino. Un estudio de Psychoneuroendocrinology (2024) evidenció que la práctica de mindfulness y la respiración consciente reducen el estrés intestinal, mejoran la digestión y equilibran la microbiota en pocas semanas. El intestino, al fin y al cabo, no solo digiere alimentos, sino también emociones. Cuidar la microbiota es cuidar la raíz de nuestra vitalidad. No se trata de tomar suplementos al azar, sino de crear un entorno interno que favorezca la vida en todas sus formas. La medicina integrativa nos enseña que fortalecer el sistema inmune empieza cultivando un ecosistema interior armónico, donde bacterias, células y pensamientos cooperan en equilibrio. Claves prácticas Prioriza alimentos fermentados y ricos en fibra natural. Evita antibióticos innecesarios y ultraprocesados. Practica mindfulness o respiración diaria para reducir el estrés intestinal. Duerme al menos 7 horas por noche: el descanso regenera la microbiota. Mantén contacto con la naturaleza; su biodiversidad también fortalece la tuya. Tu salud es un reflejo de la vida que habita en ti. Cuando alimentas con conciencia a tu microbiota, estás fortaleciendo no solo tu sistema inmunitario, sino también tu conexión con la naturaleza de la que formas parte.

Nutrición integrativa: cuando comer se convierte en medicina La alimentación es uno de los pilares más poderosos para preservar la salud y prevenir enfermedades. Cada 24 de octubre, el Día Mundial de la Alimentación nos recuerda que comer no es solo un acto biológico, sino también emocional, social y espiritual. En un mundo donde abundan los alimentos ultraprocesados y los ritmos acelerados, recuperar una relación consciente con la comida se ha vuelto una forma de medicina. La nutrición integrativa propone una visión que va más allá de las calorías o los macronutrientes: busca comprender cómo cada alimento dialoga con nuestras células, hormonas, emociones y energía vital. Diversos estudios científicos confirman que la alimentación tiene un impacto directo sobre la inflamación, la microbiota intestinal y el sistema inmunológico, ejes fundamentales de la salud global. Investigaciones recientes publicadas en Cell Metabolism (2024) demuestran que las dietas basadas en alimentos reales, ricas en fibra y fitoquímicos, reducen marcadores inflamatorios como la proteína C reactiva y mejoran la expresión de genes relacionados con la longevidad. Desde la perspectiva integrativa, comer bien es una práctica de autoconexión. No se trata de seguir una dieta rígida, sino de nutrir el cuerpo con presencia, equilibrio y placer. Las dietas antiinflamatorias, cetogénicas vegetales o mediterráneas evolutivas, adaptadas a cada biotipo y condición, pueden modular procesos metabólicos, hormonales y neurológicos con efectos clínicos significativos. En Nutrients (2023), un ensayo clínico mostró que una alimentación rica en polifenoles, grasas saludables y probióticos naturales mejora el estado de ánimo y reduce síntomas depresivos en adultos jóvenes. Además del componente físico, la nutrición integrativa aborda el comer emocional: ese impulso de usar la comida para calmar vacíos internos o ansiedad. Aprender a identificar el hambre real del hambre emocional permite restaurar la relación con el cuerpo y la saciedad natural. También considera la energía vital de los alimentos: frescos, vivos, llenos de color y diversidad. La medicina tradicional china y el Ayurveda ya señalaban que el cuerpo se nutre tanto de nutrientes como de energía sutil. El acto de comer en calma, masticar bien y agradecer antes de cada comida no son gestos simbólicos: investigaciones en Frontiers in Psychology (2024) muestran que la gratitud y la atención plena durante las comidas reducen la secreción de cortisol y mejoran la digestión. Alimentarse conscientemente es una práctica espiritual en movimiento. La nutrición integrativa nos enseña que la salud no empieza en el plato, sino en la forma en que nos relacionamos con la comida. Escuchar al cuerpo, honrar sus señales y nutrirlo con respeto es una forma profunda de amor propio. Claves prácticas 1. Prioriza alimentos naturales, locales y de temporada. 2. Mastica despacio y evita pantallas al comer. 3. Incluye fuentes de omega-3, probióticos y antioxidantes naturales. 4. Evita el exceso de azúcares, harinas y procesados. 5. Agradece antes de cada comida: mejora la digestión y el bienestar. Comer con conciencia es recordar que cada bocado puede ser una oportunidad de sanación. La verdadera nutrición empieza cuando el alimento alimenta no solo al cuerpo, sino también al alma.

